Blog personal de Ángela Beato. Escribo lo que siento. Digo lo que pienso. Procura no tomarme demasiado en serio.

lunes, 19 de febrero de 2018

Cosas de mujeres


Desde hace unas semanas utilizo una herramienta gratuita de Internet llamada paper.li. Permite crear una publicación digital con aspecto de periódico sobre una temática concreta a partir de distintas fuentes de noticias seleccionadas previamente o de enlaces a informaciones insertados por el propio usuario. Simplificando la explicación, en mi caso yo he elegido la mujer como argumento noticioso, así que he introducido los términos mujeres e igualdad para que, a la hora de rastrear redes sociales, blogs y medios de comunicación, este editor filtre los contenidos online más relevantes que incluyan alguna de estas etiquetas. 

He llamado a esta publicación Rompiendo la brecha y se actualiza cada lunes. Mi propósito es crear un semanario que recopile historias positivas que demuestren que el cambio en esta sociedad es real, que las mujeres vamos ocupando más espacio público y que se nos reconoce por fin el derecho y el talento que hasta ahora se nos había negado. Junto con esas noticias esperanzadoras es inevitable que se cuelen también en el filtrado otras no tan positivas; me refiero a las que tienen que ver con la desigualdad, el machismo o el maltrato, noticias que mantengo porque tienen a la mujer como protagonista y vienen bien para recordar que nos queda mucho por avanzar en este campo.

Pues bien, durante estas semanas he podido apreciar cómo el proceso automático de curación de contenidos de paper.li no es tan perfecto como prometía. Quiero decir que no siempre responde a mis expectativas, lo que me obliga a repasar la selección automática de noticias antes de compartirlas y a desechar muchas de ellas por no ajustarse estrictamente a lo que deseo destacar. Probablemente los criterios de selección de contenido tengan algo que ver en esto. El término mujer es muy amplio y resulta inevitable que esta herramienta abarque de más. El caso es que gracias a este ejercicio de ‘refinado’ he sido testigo de algo muy revelador. La etiqueta mujer está asociada irremediablemente a toda una colección de estereotipos muy añejos. Para que veáis a qué me refiero, a continuación reproduzco diez de las noticias que habían sido recopiladas por esta herramienta para formar parte de la última edición de este periódico y que obviamente he descartado de mi selección final:

-¿Cómo eliminar malos olores de las alfombras?
-Todo lo que debes saber sobre los tipos de esmaltes.
-¿Cuáles son las frutas para lucir una piel hermosa y joven?
-Nombres de niños famosos más populares del mundo.
-¿Cómo preparar una crema antiarrugas en el hogar?
-¿Cuáles son las soluciones para frenar la pérdida del cabello?
-¿Cuáles son los correctos cuidados para un bebé sietemesino?
-¿Cómo evitar engaños a la hora de vender sus joyas?
-Estas son las cinco posturas que prefieren las mujeres para el sexo.
-Una mujer se electrocuta al intentar hacerse una 'selfie' en la bañera

Es sintomático que más de la mitad de la información que contiene la palabra mujer está relacionada con limpieza del hogar, belleza, maternidad, salud, familia… y también, cómo no, estupidez. Porque, claro, en el ecosistema femenino nuestras mayores preocupaciones son esas: los olores en las alfombras, las cremas antiarrugas caseras, el fascinante mundo de los esmaltes de uñas, los cuidados del bebé sietemesino o que no nos engañen cuando vamos a vender las joyas de la abuela. En fin...

viernes, 9 de febrero de 2018

No se ofende quien no quiere

El periodista Carlos Herrera publicaba la pasada Navidad una imagen titulada ‘El Belén viviente’. Tomando como base una escena de la Natividad, habían incrustado su cara y las del resto de colaboradores en el lugar de los rostros de la Virgen María, San José y el resto de protagonistas del nacimiento de Jesús. El montaje fue acogido con regocijo por sus seguidores, supongo que también por los católicos, e incluso debió resultarle simpático a la Conferencia Episcopal, en vista de que no le puso de patitas en la calle ni le denunció ante los tribunales por delito de ofensa a los sentimientos religiosos. 


Unos meses antes, en la primavera del año pasado, un joven jienense de nombre Daniel Serrano, hizo algo parecido pero tomando como modelo una imagen del Jesús Despojado, de la Cofradía de la Amargura de Jaén. El fotomontaje le quedó más conseguido que el del equipo de Herrera, todo sea dicho, y  lo subió a su cuenta de Instagram con la frase: 'Sobran las palabras, la cara lo dice todo, Makiaveli soy tu dios'. Dice que se refería a un rapero y que en ningún caso pretendía hacer mofa ni herir los sentimientos religiosos de nadie. Pero a la Cofradía no le hizo gracia el asunto y le pidió en varias ocasiones que retirara la imagen. Se negó y terminaron denunciándolo en el juzgado. Esta semana salía la sentencia del juicio. El pobre diablo deberá pagar 480 euros por la ofensa y eso gracias a que se ha declarado culpable.

En el carnaval del año pasado el párroco de la localidad pontevedresa de Cuntis, Juan Carlos Martínez, se disfrazó del fundador de Playboy, Hugh Hefner, y desfiló por las calles del pueblo a bordo de un descapotable. Para dar mayor realismo al disfraz, aparecía flanqueado por otros dos hombres perfectamente ataviados de voluptuosas conejitas Playboy. La escena levantó mucha polvareda fuera de la localidad y el párroco verbenero se vio obligado a pedir perdón desde el púlpito. Y eso que sus feligreses no se habían tomado a mal la elección de disfraz del páter e incluso salieron en su defensa cuando las altas jerarquías eclesiásticas le llamaron al orden.

Ese mismo carnaval, pero a kilómetros de distancia de Galicia, en Las Palmas de Gran Canaria, Borja Casillas, de nombre artístico Drag Sethlas, ganó la gala Drag Queen del Carnaval con una fantasía titulada '¡Mi cielo! Yo no hago milagros, que sea lo que Dios quiera', en la que comenzaba vestido de Virgen María y terminaba de Cristo crucificado.


Mamarracho y Blasfema es lo más bonito que se dijo sobre él y sobre una actuación que fue trending topic y provocó opiniones encontradas en todos los ámbitos. Finalmente el obispo convocó una misa en desagravio y al artista le tocó sentarse ante un juez después de que se admitieran a trámite dos querellas acusándole de herir los sentimientos religiosos. El pasado mes de diciembre la causa fue archivada.

No sé por qué me ha dado por relacionar los cuatro casos. Quizá porque todos tienen algo en común: Ninguno buscaba ofender intencionadamente a nadie.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Un circo sin 'paragüeras'

Las azafatas de parrilla o ‘grid girls’ de la Fórmula 1 se quejan de que las mandan al paro. Los organizadores del Mundial han decidido prescindir de ellas y poner en su lugar a chavales aficionados al deporte del motor que empiezan a hacer sus pinitos como pilotos de monoplaza. Los niños heredarán, por tanto, sus puestos y las funciones que venían realizando ellas; a saber, estar junto a sus ídolos en la parrilla de salida, sujetar un paraguas para darles sombra o protegerles de las inclemencias, mostrar el número correspondiente a cada coche, exhibir las marcas de los patrocinadores o portar una bandera. Nada demasiado complicado o de alta especialización, la verdad. Todas estas actividades las podría realizar cualquiera con unas mínimas indicaciones, incluso yo misma. Aunque no todos podríamos hacerlo embutidos en un minivestido y encaramados a unos tacones imposibles. Eso solo lo puedes hacer si eres mujer, joven, te acompaña un buen físico, tienes un cuerpo escultural, sabes andar con stilletos y no te importa que los salidorros del paddock te radiografíen con la mirada.

Quiero decir que para trabajar de azafata en las carreras de F1 no hay necesidad de ser mujer ni de parecer, en ocasiones, una bailarina de pole dance. La prueba está en que los sustitutos de las azafatas, esos que ya han denominado como ‘grid kids’, podrán cumplir las mismas funciones siendo críos y yendo ataviados con monos de piloto o ropa deportiva. Mucho más cómodos, dónde va a parar. E igual de dignos que ellas, porque -que quede claro- nadie está cuestionando la dignidad de esos puestos ni de las chicas que los han ocupado hasta ahora.

En fin, que lo siento por las azafatas. Sé lo que es quedarse sin trabajo. Pero me gustaría que entendieran que la culpa de su ‘desgracia’ no es de la corriente feminista que, para algunos, está revolucionando los ámbitos más visibles de la sociedad cual mosca cojonera, sino de la propia organización de este evento que durante años, por puro capricho, aunque lo llamen glamour, ha fomentado el uso de la figura femenina como elemento decorativo en los circuitos, para el disfrute de la mayoría masculina que poblaba ese deporte. Si deseaban integrar a las mujeres dentro del circo de la Fórmula 1, podían haberlo hecho uniformándolas como al resto de hombres en las escuderías, fomentando su presencia en áreas más técnicas o incluso permitiendo que ese papel lo desempeñaran indistintamente hombres y mujeres.

El caso es que los nuevos responsables de la F1 dicen que esa vieja costumbre no cuadra con sus valores de marca ni con las normas de la sociedad moderna. Y, como ha explicado su director de operaciones, Sam Bratches, no creen “que esta práctica sea apropiada o relevante para la F1”. He ahí el quid de la cuestión. Que la labor de 'paragüero' no debería estar asociada a ningún género, edad o físico en particular y, lo que es más importante, no resulta imprescindible en este negocio. En cambio un mecánico, un jefe de escudería, un piloto, un comisario de pista, un ingeniero electrónico o un modelador de datos son piezas clave sin las que no funcionaría el engranaje.

Quizá el llamado circo de la Fórmula 1 ya no lo será tanto sin las bellas azafatas desfilando por la parrilla. Pero tranquilos. Es el acontecimiento deportivo que más factura y el espectáculo está asegurado. Lo encontraréis sobre el asfalto, en las curvas cerradas del circuito, en las paradas en boxes para repostar y cambiar los neumáticos a toda velocidad, en los adelantamientos a 300 kilómetros por hora y también, claro que sí, entre los vips que seguirán dejándose caer por los circuitos cada Gran Premio.

domingo, 4 de febrero de 2018

A la gala de los Goya le faltó espectáculo


Cada año me trago enterita la entrega de los Goya y de los Oscar. Ya sé que las comparaciones son odiosas y que no tiene nada que ver una industria con la otra, pero en lo que me quiero detener es en el concepto de espectáculo televisivo. Por lo general la gala en la que se entregan los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de EEUU comienza con un número musical en el que el presentador, que suele ser un showman de algún late night ampliamente reconocido por el público, repasa detalles de las películas candidatas y hace bromas con la actualidad mientras canta y baila. En su actuación intervienen también algunos de los actores que son protagonistas esa noche y que se suman al jolgorio, dando la réplica al maestro de ceremonias, ya sea entonando parte de la letra, danzando a su paso o siguiéndole la corriente. Todo el número está ejecutado a la perfección, derrochando gracia, ritmo y talento, hasta el punto de que al espectador se le pasan en un suspiro los cinco minutos largos que puede llegar a durar. 

Al comienzo de la ceremonia de entrega de los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, los presentadores de esta edición de los Goya, Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, bromearon con el tema del clásico número musical y tranquilizaron a la audiencia al respecto asegurando que no iban a abrir la gala bailando y cantando. Como si al público nos aterrorizara ver una actuación en directo. Pues no. No, no son los números musicales los que nos dan urticaria. Por lo menos a mí. Los que se nos hacen eternos son los momentos de vergüenza ajena. Ver cantar a y bailar a un artista que ni canta ni baila bien, y que además se siente abochornado e inseguro porque conoce sus carencias, corta el rollo a cualquiera y, por supuesto, ralentiza una gala. Ese es el tipo de números musicales que nos aterran a los espectadores. Pero si me dan a elegir, prefiero que me den algo de espectáculo, aunque no esté a la altura de Broadway o de la Gran Vía.

Es una pena que, en vez de buscar actores y actrices completos, que además de saber interpretar, sean capaces de cantar y bailar con algo de gracia para animar la gala, se prefiera renunciar a crear un producto televisivo de cierto nivel. Porque no olvidemos que la gran fiesta del cine español se celebra para que el público la vea en sus casas a través de la televisión y en este tipo de espectáculo, la música bien empleada puede dar mucho juego, tanto o más que un buen guion y un ingenioso monologuista. De hecho curiosamente la única actuación musical en esta 32ª edición de los Goya, el medley que hizo Marlango de las composiciones nominadas a mejor canción, a mí me despertó del letargo y creo que funcionó bien.

Lamentablemente esta edición de los Goya pasará a la historia como una de las más decepcionantes. A estas alturas ya casi todo el mundo ha manifestado de manera muy visceral su opinión al respecto. La mía se resume en que le faltó espectáculo. Fue una gala sin ritmo, escasa de gracia y con poco gusto. Yo esperaba más de Reyes y Sevilla. Hacer de la discapacidad del Langui materia de gag y luego vomitarle en la cara no es lo que yo entiendo por humor elegante. Ni siquiera chanante. También llegó un punto en que me resultaron pesados, machacones y largos los variados monólogos reivindicativos sobre la discriminación femenina en el cine pronunciados por mujeres pero escritos por guionistas hombres. Pero no voy a abrir ese melón, que me conozco. Me limitaré a cerrar el tema feminista confesando mi incapacidad para comprender el motivo por el que el realizador se empeñó en ofrecernos en varias ocasiones el plano de una profesional (siempre la misma, no sé si quizá es que era la única) al mando de una de las cámaras de TVE que captaban las imágenes de la gala, como si fuera una especie de demostración de lo paritarios y modernos que son en el medio público, que tienen a féminas realizando labores tradicionalmente masculinas. Espero que en la próxima edición, sin necesidad de anunciarlo a bombo, platillo y abanico, haya mujeres no solo en el staff técnico, también en el equipo de guionistas, en la presentación de la gala, en las candidaturas e incluso cantando y bailando sobre el escenario.

Como creo que todo, incluso lo peor, siempre tiene algún detalle positivo reseñable, para terminar destacaré lo mejor de la noche (por no decir lo único): la intervención de Carlos Boyero en un momento de la ceremonia haciendo una valoración de la gala y comparándola con el parto de un caballo: ‘Es bonito pero da asco’.

Solo una línea para lo estrictamente cinematográfico: la incongruencia de que ‘Handia’, la gran triunfadora con diez cabezones, quede eclipsada al final por ‘La librería’, que solo obtuvo tres, pero los más gordos. Por una vez, la chica gana. Qué hermosa metáfora de la vida.


jueves, 1 de febrero de 2018

Experimentos que hacen un flaco favor al feminismo

Juraría que soy feminista, aunque las etiquetas tienen el inconveniente de acotar y simplificar demasiado. Digamos entonces que estoy en contra de cualquier discriminación, en particular por razón de género, y que defiendo la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Los chistes sexistas no me hacen gracia, me molesta la condescendencia con la que algunos tienden a tratar a las mujeres cuando reclaman reconocimiento y sigo sin comprender por qué cuesta tanto evolucionar y quitarse la costumbre rancia de utilizar la figura femenina como comparsa en ámbitos muy concretos.

Una vez dicho esto, aclarada bien mi postura, creo que ya puedo plantearos el asunto que ando rumiando desde esta mañana. La Manchester Art Gallery ha retirado de su exposición el cuadro 'Hylas y las ninfas', de John William Waterhouseen el que se pueden ver varias jóvenes desnudas. Bueno, en realidad solo he llegado a contar cinco pechos como 'elementos sensibles'. El cuadro es este.


Todo forma parte de un experimento impulsado por otra artista, Sonia Boyce, con el propósito de abrir un debate con el público sobre el trato que recibe la mujer en la pintura. Y le ha tocado pagar el pato a Waterhouse. Este pintor inglés, que desarrolló buena parte de su carrera a finales del siglo XIX, tenía una particular fijación con los personajes mitológicos y las deidades griegas y romanas de la literatura antigua. Si os tomáis la molestia de ver algunas de sus imágenes comprobaréis que sí, aparece algún desnudo femenino, pero todo en un tono muy naif. De hecho, Las tres Gracias de Rubens exhiben mucho más que las mujeres de sus cuadros, pero nunca nadie se ha planteado retirarlo ni como experimento, ni para provocar el debate sobre la cosificación de la mujer, ni porque resulte poco estético. Quizá precisamente porque las modelos de ese cuadro no se ajustan al canon de belleza actual, por estar entradas en carne y lucir orgullosas su celulitis, nadie se ha sentido erotizado ni se ha atrevido a abrir debate al respecto. Es arte, simplemente, igual que el de Waterhouse.

No entiendo nada. Ni el experimento, ni la forma de poner el foco sobre la figura de la mujer en el arte. Cuando el señor Waterhouse le daba a los pinceles, el papel de la mujer no tenía nada que ver con el actual, y con esa perspectiva hay que analizar su obra. El mundo de entonces era distinto a este, la moda era otra, las tendencias eran diferentes y las costumbres no se parecían nada a las actuales. Por aquella época no había Twitter ni Youtube, así que la inspiración se buscaba en los clásicos. Eso no quiere decir que haya que hacer desaparecer nada del pasado porque no encaje con la sociedad actual. Al contrario. Es historia. Debería servirnos para entender quiénes somos, de dónde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí. Por eso pienso que el debate se provoca mostrando el cuadro, no retirándolo. Ser conscientes de nuestra evolución es lo único que nos puede armar de razones para seguir avanzando.

No confundamos conceptos. No mezclemos. Una obra de arte es un producto realizado con una finalidad estética y comunicativa, mediante el que se expresan ideas, emociones y una particular visión del mundo. Las obras que los artistas han ido creando a lo largo de la historia nos dan muy valiosa información sobre sus autores y las diversas épocas en las que vivieron. Cuando contemplo a estas ninfas con los pechos al aire tentando al bello Hylas para llevárselo al estanque no me enciendo ni tengo que contener mi vena feminista. La lucha está en otra parte, no en cuadros de hace dos siglos.

En todo caso, si cada tema de conflicto nos lleva a hacer desaparecer todo lo relacionado con ese punto de fricción, con el objetivo de calibrar nuestra reacción, ¿qué será lo próximo? Supongo que comenzaríamos por borrar del mapa cualquier obra que muestre más carne de la cuenta; pienso en La Maja Desnuda, El origen del mundo, La Venus del espejo y hasta en Las Señoritas de Aviñón, que aunque cubistas, también son cuerpos femeninos sin ropa. 

Ya puestos, no deberíamos quedarnos ahí; también abundan en el arte los desnudos masculinos, y supongo que igualmente se podrían interpretar como una cosificación del hombre apolíneo o de los niños, si pensamos en todos los cuadros de Sorolla ambientados en la playa. Esta web, Reprodart, dedicada a comercializar reproducciones de muchas de estas grandes obras, os puede dar una idea de la cantidad de material que estaría en el punto de mira con ese discutible criterio de retirar para debatir. ¡Fuera todos de las paredes de los museos!

Imagino que en algún momento la corriente políticamente correcta, como deferencia hacia las personas con discapacidad o 'diferentes', exigiría eliminar todas aquellas pinturas en las que se apreciaran cojos, mancos, ciegos, jorobados, enanos…

Después  haríamos desaparecer todos los cuadros relacionados con la tauromaquia, empezando por la gran colección de Goya, porque hay una fuerte corriente antitaurina y un encendido debate en torno a si es fiesta nacional o salvajada.

Más tarde podríamos quemar todos los cuadros que muestran escenas de guerra, incluido el Guernica de Picasso, porque en el siglo XXI no se puede ser más que antibelicista, aunque nos dé igual que sigan matándose en Siria y en una decena de países más del mundo. 

Posteriormente encerraremos bajo cien llaves todos los retratos de reyes y reinas, porque no deseamos disgustar a esa parte de la población que es republicana y no reconoce la legitimidad de las monarquías europeas. 

No se nos olvide seleccionar y ocultar todos aquellos lienzos en los que aparece un animal muerto o sufriendo, porque los humanos de hoy estamos muy concienciados con los derechos de esos seres sintientes. 

¡Ah! Y si pensabais que los bodegones iban a sobrevivir a la quema, estabais equivocados. Seguro que los talibanes de la nutrición saludable encontrarían algún elemento discordante en cualquiera de ellos, quizá el vino, el pan, el tocino o el azúcar.

--> Al final en las paredes de los museos solo quedarían colgadas pinturas abstractas contemporáneas que resultaría imposible descifrar. Ignoraríamos con alivio las intenciones de su autor o si a su musa se le vio un pezón durante el proceso de creación. Eso sí, serían pinceladas en blanco y negro, para que ni los daltónicos pudieran poner pegas.