sábado, 21 de noviembre de 2015

Cuánto me gusta un clásico

Llevo cinco años, siete meses y once días sin fumar. Lo dejé el 10 de abril de 2010. Lo recuerdo perfectamente porque encendí mi último Malboro Light después de un Madrid-Barça. Me hice una promesa: si ganaba mi equipo en el campo del eterno rival dejaría el tabaco. El partido acabó 0-2. Y es que cuando uno toma una decisión de esa magnitud hay que elegir bien la fecha. Qué mejor que un clásico para marcar el día en el calendario y no olvidarlo en la vida. 

Creo que ha sido el cigarrillo que más he disfrutado en toda mi etapa adictiva, por encima de los que acompañaba con café o los de después de. Con la satisfacción de la victoria del Barça en el Santiago Bernabeu, viendo la cara de derrota de los madridistas, escuchando sus comentarios desgarrados e imaginando como sería el lunes en la oficina... ¡menudo subidón de nicotina y alquitrán! He de confesarlo. Me gusta hacer de rabiar a los madridistas de raza, verles realmente cabreados cuando cae su equipo. Yo no me lo tomo tan a la tremenda cuando me toca ver perder al Barça, será que me recupero de las derrotas con facilidad o que no soy una culé genuina. La verdad es que como merchandising del FC Barcelona, no tengo ni camiseta, ni bufanda, ni gorro. Solo poseo un banderín (que no recuerdo cómo llegó aquí)... 


...y un imán de nevera. 



¡Ah! Y una serigrafía de la artista Kima Guitart, edición limitada y exclusiva para el FC Barcelona, que terminó accidentalmente en mi casa y que aún no he decidido en qué pared colgarlo sin que desentone. 



Esta tarde hay un Madrid-Barça. Esos son los que más me gustan. Los prefiero a los Barça-Madrid. Me pone más ganarles en su casa. Me divierte ver como dejan de cantar “Polaco el que no bote” cuando les metes el primero. Y soy consciente que la estadística está de su parte (de las 85 veces que se han enfrentado en el campo del Madrid, 52 veces han ganado los blancos, 18 los blaugranas y en 15 ocasiones han empatado), pero no pierdo la esperanza de ver invertida la tendencia antes de morirme. Además, si el jugar en casa se les da bien a ellos, a nosotros se nos da mejor este árbitro, Fernández Borbalán. Con él pitando hemos ganado más veces.

Hay aficionados que se reúnen para la ocasión y siguen toda una liturgia en torno al clásico. Yo prefiero verlo tranquilamente con una cerveza y unas patatas fritas, y a mi lado el móvil vibrando cada vez que hay alguna jugada decisiva. Si lo dan por un canal que se ve en casa, sin problema, pero si lo emiten de pago, ya te obligan a buscar un bar de confianza o explorar alguna de las páginas de internet que piratean la señal. Es entonces, ante las adversidades, cuando mi espíritu culé se arruga y me digo, uf, qué pereza…bueno, siempre nos quedará la radio.

¿Mi pronóstico para esta tarde? Hombre, no creo que podamos repetir gestas como el 2-6 de hace seis temporadas, el 5-0 en el Camp Nou en 2010 en plena época Mourinho o el emocionante 3-4 en el Bernabeu donde el Tata Martino se impuso a Carlo Ancelotti gracias a un gol de Messi de penalti a cinco minutos de final. Eso sí que sería fantástico, porque si algo fastidia a mis amigos del Madrid es perder en el último minuto. En fin, me conformo con un 0-1. Y si finalmente juega la Pulga, que lo meta él, así se convertiría en el máximo goleador en la historia de los clásicos de Liga. Hasta ahora no había conseguido más que empatar a 14 goles con Di Stéfano. Sería la jugada perfecta.

Amigos fumadores culés y merengues: si estáis pensando en dejarlo, hoy puede ser ese gran día.

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