domingo, 29 de noviembre de 2015

Los políticos que nos merecemos

Lo bueno de poner a los políticos a debatir es que hay muchas posibilidades de que alguno meta la pata. Le pasaría a cualquiera. Cuanto más te expones, más probabilidades tienes de cagarla públicamente. Es más, someter a un candidato a una entrevista en profundidad (nada de 10 preguntas amables pactadas) sirve para comprobar si estamos ante el típico devorador de argumentarios o se le puede pillar en un renuncio.

No existe el hombre perfecto, como tampoco existe el político perfecto, al menos en este momento. Desengañémonos. El nivel cultural de los que aspiran a gobernarnos, y de quienes les rodean, no es para tirar cohetes pero representan a la media de la población. Por eso, del debate protagonizado por Iglesias y Rivera en la Carlos III, lo que más ha trascendido es el momento kantiano.


No haber leído nunca a Kant es de lo más común, incluso haberlo leído y no recordarlo. Pero admitirlo, cuando uno aspira a gobernar un país, parece que cuesta. Habría sido muy interesante averiguar qué sabían de Kant los ausentes en el debate (todos, no solo los invitados), eso sí que habría sido una buena prueba del algodón.

De un tiempo a esta parte, son frecuentes las pifias de los políticos, aumentadas más si cabe por el altavoz en que se han convertido las redes sociales. Estaría bien poder cribar la morralla que abunda en la política española con algún examen tipo test específicamente diseñado para desenmascarar a mediocres, pero lo mismo la medida conducía a la anarquía. De momento ese papel lo está jugando las teles. A poco más de 20 días para las elecciones generales, los momentazos se multiplican gracias a que los candidatos echan el resto y se prestan a apariciones insólitas en otro momento, como demostrar en televisión que son seres humanos.

Sí, a mí me gustaría tener una clase política con un alto coeficiente intelectual, bien preparada, dotada para la oratoria, con capacidad crítica, resolutiva, prudente y, sobre todo, con mucha empatía. Y por encima de todo, que manejaran programas y propuestas realistas. Pero la perfección no existe. De hecho, si analizamos los currículum de nuestros parlamentarios encontraremos nivel, pero en muchos casos solo sobre el papel. Y en cuanto a sus programas, visto lo visto, parece que a la población le importan más otros detalles mucho más jugosos.

De modo que habrá que conformarse con dejar actual a la piel y decidir en función de lo que le diga a cada uno su sexto sentido.

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