miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ni una menos

A Eva la mató su pareja, de la que estaba separándose, cuando fue a su casa después del trabajo a prepararle la cena. A pesar de que ya no compartían su vida, quizá pensando que era el padre de sus dos hijos, seguía ayudándole con las tareas domésticas.

A Bárbara su ex quería hacerle daño y encontró la mejor manera: arrebatarle a sus dos hijas, Amets y Sara. Las mató cuando estaban con él cumpliendo el régimen de visitas impuesto por el juez. Técnicamente no es una mujer maltratada, así que no recibe ningún tipo de ayuda, ni siquiera para pagarse la terapia que la ayude a soportar tanto dolor.

La hija de 6 años de Davinia se ha quedado huérfana. Su padre estranguló a su madre y luego se ahorcó. No me atrevo a imaginar de qué manera puede marcar la vida de una niña un experiencia de esta magnitud. 

Elvira había quedado con su ex para recoger a su hijo de tres años. Iba acompañada por su madre. En plena calle, después de entregarle al pequeño en su sillita, el hombre volvió al coche, cogió un arma y acabó con la madre y la abuela en presencia del menor. La mujer se había negado anteriormente a declarar ante el juez y denunciar a su ex pareja por unas lesiones que -dijo- eran fruto de un accidente doméstico.

Para hablar con propiedad y de una manera políticamente correcta, en todos estos relatos falta una palabra: presuntamente. Pero me cuesta utilizarla cuando se trata de crímenes evidentes y con testigos, por mucho que no haya una sentencia judicial por medio. 

En lo que va de año 48 mujeres han muerto a manos de sus parejas. Hoy es el Día para la eliminación de la violencia contra las mujeres y mientras esta fecha esté en rojo en el calendario significará que aún queda por hacer.


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