miércoles, 2 de diciembre de 2015

A 70 por la boina

Si en Madrid mencionas la palabra “boina”, probablemente enciendas la mecha de una acalorada discusión sobre si las medidas impulsadas por el Ayuntamiento sirven para algo y si los avisos por la crisis de polución se están gestionando informativamente de manera correcta. 

En París, 150 jefes de estado y de gobierno de otros tantos países discuten sobre cómo alcanzar una alianza internacional que frene el cambio climático. Esta Cumbre del Clima llega después de 20 años de negociaciones y con la idea de que si no se hace nada las consecuencias serán catastróficas para el planeta. Hay que empezar por comprometerse a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para elaborar el protocolo que sustituirá a partir de 2020 al de Kyoto (que algunos países se pasaron por el arco del triunfo). Pero los intereses económicos pesan tanto que los acuerdos no se adivinan fáciles. 



En esta cita está representada China, la potencia más contaminante del mundo y en cuya capital, Pekín, sus vecinos llevan padeciendo tres días seguidos una contaminación tan brutal que casi no ven la luz del sol. Allí no es que haya una boina, es que directamente conviven con una densa niebla oscura que les impide ver más allá de sus narices.

El hombre está trastornando los mecanismos del clima de la Tierra de tal manera que en adelante podremos registrar temperaturas globales récord, según el Servicio Meteorológico del Reino Unido (Met Office). Esto podría traducirse en fenómenos meteorológicos extremos que terminarían elevando el nivel del mar. La organización científica Climate Central ha presentado una recreación sobre cómo quedarían emblemáticos lugares del planeta si en 2100 la temperatura hubiera aumentado entre 2 y 4 grados.



Y mientras en Madrid ponemos el grito en el cielo cuando el Ayuntamiento, por los altos índices de contaminación, limita a 70 km por hora la velocidad a la que pueden circular los vehículos por la M-30 y los accesos a la capital y restringe el aparcamiento en el centro. Activar este plan es algo que no comprenden los conductores que lo consideran un fastidio y reclaman que al menos el transporte público sea gratuito, cuando seguro que si lo fuera los que se quejan no lo tomarían. Lo triste es que a nadie parecen importarle los evidentes los efectos de la polución sobre la salud, que recoge el consistorio en su página web y que igualmente no se cansa de pregonar la Organización Mundial de la Salud.

Deberían saber los madrileños que hay otras ciudades donde todavía se lo toman más en serio. Así que, si el argumento sanitario no les convence, quizá les consuele saber que podría ser peor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada