domingo, 6 de diciembre de 2015

Ganan las camisas blancas, pierde la corbata

He tenido la oportunidad de vivir de cerca alguna campaña electoral y sé lo difícil que resulta elegir la foto del candidato para el cartel oficial. La elección del color de la corbata -si es que la lleva- el tono de la camisa, el peinado, el rictus de la boca o la dirección de la mirada, todo cuenta y es medido al milímetro por gente que -se supone- sabe del tema. 

Ahora que ya ha comenzado la campaña para las elecciones generales del 20 de diciembre y que los carteles de los distintos partidos empapelan los espacios establecidos para ello (en algunos casos incluso otros lugares no indicados), os propongo que juguemos a analizar las imágenes elegidas por algunas de las formaciones más importantes para atraer el voto del electorado. 

En el caso del PP, está claro que apuestan por presentar a su candidato trabajando, asumiendo sus responsabilidades. El detalle del post-it en la mesa con las anotaciones no puede ser más tierno. Han debido pensar que la mejor estrategia de campaña es recordar que él es el presidente y está a lo que hay que estar, "al lío", sentado a su escritorio, con el gesto sereno. Incluso se percibe al fondo una cortina de lamas verticales, para dar más sensación de oficina pero, a mi entender, ensucia más que otra cosa. En cuanto a su mirada, la desvía a la izquierda, como si alguien hubiera osado interrumpir unos minutos sus quehaceres para darle alguna noticia de última hora, por ejemplo, los datos del CIS. 


Luego está el plan B de esta campaña, que es compartir el protagonismo entre Mariano Rajoy y la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, para mí una jugada maestra, ya que es el único rostro femenino en una campaña tomada por lo hombres. En su caso sí mira al frente, su boca dibuja una media sonrisa y presenta un aspecto amable a la vez que profesional, a tono con la imagen que -parece- la población tiene de ella.


En el PSOE han debido pensar que lo del aspecto físico de su candidato es más inconveniente que ventaja y se han propuesto luchar contra su imagen de galán. El problema es que le han echado años encima hasta el punto de haberle convertido en el padre de Ken, vamos, que parece el suegro achacoso de Barbie. Mirada al frente, nada de sonrisas, boca recta, y color blanco para la camisa, un atuendo ya casi tradicional en los aspirantes a dormir en la Moncloa, que sobre un fondo también blanco ha obligado a un silueteado con sombra. Lo de que la cabeza tape ligeramente la S de Socialista y la O de Obrero intuyo que escocerá a algunos muy dados a leer entre líneas.


En Ciudadanos, se estrena Albert Rivera con americana y camisablanca, pero sin corbata. Es decir, mantiene la formalidad de la derecha pero con un punto de rebeldía. El problema de rechazar la corbata con ese atuendo es que el cuello de la camisa no siempre se queda donde debería. Mira a su derecha y sonríe abiertamente, con ilusión, como dice el lema. Yo diría que incluso con alivio al pensar que ha alcanzado ya la notoriedad suficiente como para no tener que volver a desnudarse en un cartel electoral. El color del fondo, un gris humo "boina de Madrid", será el que más entonaba con el naranja corporativo, pero le da aspecto de cartel antiguo. No me convence.



La camisa blanca se repite también en el cartel de Podemos, aunque curiosamente Pablo Iglesias no explota otra de sus señas de identidad y elemento más personal, la coleta, que ni se le ve. No elude la sonrisa amplia, a pesar de que su dentadura es carne de ortodoncia, y dirige la mirada arriba a su izquierda. El fondo del cartel es muy oscuro, nada que ver con la foto de estudio, casi es un posado robado del político en acción. Se busca vender naturalidad y confianza. Me sobra el punto después de Podemos.



Izquierda Unida gobernaría este país si hubiera que votar al candidato más guapo, porque desengañémonos, Alberto Garzón es con diferencia, y muy por encima de Pedro Sánchez, el político más atractivo de los que se miden en estas elecciones. Solo tiene un pequeño fallo, la piel, marcada por algunos cráteres. Y ahí precisamente es donde se les ha ido la mano con el Photoshop, porque han decidido plancharle la piel para este cartel, lo que le convierte casi en el sex symbol de la campaña, por no decir el príncipe azul del 20-D. Es el único que renuncia a la camisa blanca, prefiere una oscura sin corbata ni americana. Por supuesto le acompaña una amplia sonrisa mientras mira al horizonte de su izquierda. 


El retoque fotográfico también parece empleado en exceso en el cartel de UPyD. Solo se asoma perfectamente enfocada la cara de Andrés Herzog, el resto está difuminado, lo que da la sensación de que su camisa blanca y el fondo humo están en el mismo plano. En este caso sí hay mirada al frente y sonrisa de Mona Lisa. El gesto está muy conseguido, la verdad, da sensación de una persona en la que se puede confiar, pero el magenta con las tonalidades de la foto no casan, ni tampoco el formato cartel de "Se busca", solo falta la recompensa. Francamente, se ve muy pobre, en mi opinión no anima al indeciso.



En resumen, ganan las camisas blancas, pierden las americanas y las corbatas, vuelve a ponerse de moda la sonrisa después de un tiempo en que casi nadie se atrevía a sacarla a pasear en la cartelería electoral, y entre los jóvenes aspirantes se impone la mirada al horizonte y el gesto soñador. Después del 20 de diciembre veremos a quién se le cambia el gesto. Hasta entonces, nos entretendremos con los memes de Twitter.

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