jueves, 3 de diciembre de 2015

Para qué sirve el EGM

Cuando trabajaba en la radio, la víspera de la salida de las cifras del EGM se notaba un runrún en el ambiente. Aunque todo el mundo trataba de aparentar que los datos de audiencia no le importaban lo más mínimo, que eran irreales, que había muchos intereses en juego, que esa medición era un cachondeo… lo cierto es que cuando veían los números negro sobre blanco, si tocaba buena oleada, los pasillos de la emisora se llenaban de pavos presumiendo de audiencia. Y cuando era al revés, solo se repetía como un mantra eso de que “el EGM no sirve para nada”. Lamentablemente, de momento, es la única fórmula con la que cuenta la radio para medir su audiencia.

Este miércoles ha salido la tercera oleada del año del Estudio General de Medios, que tenía cierto morbillo por saber cuántos fósforos emigrarían de San Sebastián de Los Reyes a la calle Valenzuela de Madrid. El resultado se podría resumir como que a la Cope le ha venido a ver el dios Herrera con casi un millón de fieles más y que Onda Cero gana un Premio Ondas por la mañana pero pierde 600.000 oyentes en esa franja. Y mientras la Ser sigue a lo suyo, de líder.

El Estudio General de Medios nace en el 68 cuando un grupo de empresas, básicamente de anunciantes, trata de crear un estudio de audiencias mediante un sistema de entrevistas que les permita manejar datos “fiables” sobre qué cadenas/emisoras/periódicos tienen más o menos televidentes/oyentes/lectores. Hoy la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) está compuesta por 160 empresas asociadas, entre las que destacan los medios de comunicación, que necesitan buenas razones para aspirar a un pedazo de la tarta publicitaria, y las empresas anunciantes, que quieren conocer el terreno para saber dónde, a qué hora y a qué precio merece la pena anunciar sus productos. Ambas partes se sirven de este gran estudio multimedia para analizar el comportamiento de la población.

A menudo se ha cuestionado la fiabilidad del EGM. Los hay que han intentado ponerlo en evidencia. Incluso hay quien ha ido más allá. Por mi parte nunca entendí cómo podía fluctuar tanto el número de oyentes de primavera a otoño, sobre todo en el caso de programas que no experimentan absolutamente ningún cambio de una estación a otra. 

No conozco a nadie que le hayan entrevistado para este estudio, a pesar de que se encuesta a más de 30.000 personas. Pero eso entra dentro de lo normal, tampoco conozco a ningún ganador de la Primitiva. Quizá lo que me inquieta más es que, si todos tendemos a ser grandes mentirosos, qué no inventaremos cuando estamos en modo anónimo. Es probable, además, que para no quedar mal mencionemos el nombre que más nos suene, aunque ni siquiera escuchemos nunca esa cadena, ese programa o a ese locutor. Y ya si tenemos en cuenta que el sondeo se basa en un elaborado cuestionario larguísimo, de una hora de duración, donde te preguntan de todo lo habido y por haber, cuando quieran llegar a lo que importa, los hábitos de audiencia, puede que ya no tengas ganas más que de terminar. 

Por cierto, ¿han actualizado ya el sistema para contar también a los oyentes que escuchan la radio por internet o a los que se descargan podcast de programas para disfrutarlos a horas intempestivas? En fin, que el EGM tiene que existir porque los anunciantes y los medios necesitan cifras para negociar, pero hoy por hoy no creo que nadie se guíe ya por una herramienta que ha evolucionado más bien poco.





No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada