jueves, 24 de diciembre de 2015

Yo no quiero ser rey mago

Tener que hacer de rey mago es un rollo. Aguantar una cabalgata montado en carroza, caballo, camello o lo que se le ocurra al ayuntamiento de turno, incluido un cádillac sin frenos, puede convertirse en una pesadilla. Soportar el picor de una barba artificial -en el peor de los casos el betún marrón si te toca Baltasar y no eres negro-, el peso de la corona en las sienes y de la capa de terciopelo en el cuello, no es lo que podríamos llamar un planazo. Tampoco parece la imagen ideal de la diversión pasarte horas saludando y tirando caramelos a diestro y siniestro, arriesgándote a descalabrar a alguien del público. Y quien diga que todo eso no importa cuando ves la ilusión en el rostro de los niños, miente como un bellaco. 


Desde tiempos inmemoriales en los pueblos y ciudades se han encargado de este marrón los concejales -que para eso les pagan- y no todos, que también en este gremio hay mucho rey del escaqueo. Ni con turnos se consigue que todo la corporación pase por el aro. Y es que, desengañémonos, hacer de rey mago, paje o similar es un auténtico coñazo. Por eso muchas veces hay que recurrir a buscar voluntarios entre el personal municipal con algo de espíritu navideño, independientemente del género, entre los famosos de la localidad o, más recientemente, entre los colectivos sociales que reivindican la participación de la ciudadanía en todo lo que afecte al municipio. Dan igual unos u otros. Debajo de una corona y una barba poblada no te distingue ni la madre que te parió.

Por eso no he entendido que se haya montado la que se ha montado con el anuncio del Ayuntamiento de Madrid de incorporar a mujeres en los papeles reales en diversas cabalgatas. Bien es cierto que el equipo de Carmena podía haberse callado y organizar estos eventos sin mayor publicidad. No creo que nadie estuviera especialmente interesado en saber quién iba a interpretar a los Reyes Magos en dos cabalgatas de barrio, pero dar tres cuartos al pregonero es lo que tiene. Estas situaciones se han venido dando de manera natural sin atender a ninguna ley de paridad y sin que el público tuviera que conocer de los Magos más que sus nombres -Melchor, Gaspar y Baltasar- y su procedencia -Oriente-.


Tampoco os creáis que hacer de Papá Noel es más divertido, la única diferencia es que Santa termina esta noche su trabajo y ya no tiene que recorrer los centros comerciales aguantando una hilera interminable de niños deseando sentarse en sus rodillas. La parte negativa es que se les acaba el contrato a muchos desempleados que se sacaban un sueldo discreto con este teatrillo. 


¡Ah! Feliz Navidad y que esta Nochebuena sea una noche de paz, a pesar de la luna llena. Por si acaso, os dejo alguna herramienta para evitar que el encuentro con los cuñados os pase factura.

2 comentarios:

  1. Yo me voy a cenar y a tomar una copita,todo low cost!!

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