Blog personal de Ángela Beato. Escribo lo que siento. Digo lo que pienso. Procura no tomarme demasiado en serio.

lunes, 30 de noviembre de 2015

No hemos avanzado nada

No hemos avanzado nada. En todo caso hemos retrocedido. Pensábamos que las mujeres habíamos logrado liberarnos, que ocupando puestos de trabajo fuera de casa ya estaba todo resuelto. Nos engañábamos. Nuestras madres eran mucho más modernas que nuestras hijas, sus nietas. Conozco a una niña de 12 años que atraviesa un momento complicado porque su novio, de la misma edad, la ha dejado después de… ¡cuatro años juntos! Sí, echad cuentas e imagináosla con 8 años iniciando esta fascinante historia de amor. La excusa que le ha dado es que nunca ha estado enamorado de ella, que empezó por empezar, por no decirle que no. Ella, naturalmente, se siente dolida y ofendida porque -asegura- ya había hecho sus planes de casarse con él y tener hijos. Sí, habéis oído bien, casarse y tener hijos. No viajar, estudiar una carrera, ser presidenta del Gobierno, no. Casarse y tener hijos.

Otra joven de la que me llegan referencias es la típica adolescente de instituto desinhibida, que lleva ropa poco discreta, utiliza un lenguaje de taberna y verbaliza historias que a todas luces son inventadas o ha imaginado viendo alguna película para adultos. El caso es que, como ocurre desde que el mundo es mundo, su comportamiento ha dado como resultado que sus compañeros (chicos y chicas por igual) se refieran a ella por sus atributos físicos y ya le hayan colgado la etiqueta de guarra y fácil, sin que nadie haya siquiera considerado ese comportamiento, como muchos otros de esta joven generación, típicamente machista

Como no ha dos sin tres, por cerrar este repaso de roles del siglo pasado, un día me entero que un niño de la misma edad, un malote de los que abundan en la Secundaria y contra los que aparentemente no se puede hacer nada porque su entorno familiar vive sus propias batallas, se le acercó a mi hija, le enseñó un billete y le dijo “Baila para mí, puta”. Aún hoy estoy hiperventilando.

Si levantaran la cabeza las feministas que el siglo pasado luchaban por la liberación de la mujer, se rebelarían espantadas. Y esta vez nadie les iba a persuadir para que no quemaran sus sujetadores.

Yo pensaba que las nuevas generaciones, esas de los llamados nativos digitales, no iban a reproducir los mismos estereotipos que sus abuelos. Que al haber visto desde pequeños a mamá y papá al mismo nivel, no harían distinciones al tratar a hombres y mujeres. Que si eran educados en el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la empatía, iban a convertirse en una nueva raza, mejor, más justa. Pero debe ser que algo hemos pasado por alto. Quizá les hemos dado de más. Estos son los hijos que hemos criado.

Nadie como Maitena para poner el epílogo.



domingo, 29 de noviembre de 2015

Los políticos que nos merecemos

Lo bueno de poner a los políticos a debatir es que hay muchas posibilidades de que alguno meta la pata. Le pasaría a cualquiera. Cuanto más te expones, más probabilidades tienes de cagarla públicamente. Es más, someter a un candidato a una entrevista en profundidad (nada de 10 preguntas amables pactadas) sirve para comprobar si estamos ante el típico devorador de argumentarios o se le puede pillar en un renuncio.

No existe el hombre perfecto, como tampoco existe el político perfecto, al menos en este momento. Desengañémonos. El nivel cultural de los que aspiran a gobernarnos, y de quienes les rodean, no es para tirar cohetes pero representan a la media de la población. Por eso, del debate protagonizado por Iglesias y Rivera en la Carlos III, lo que más ha trascendido es el momento kantiano.


No haber leído nunca a Kant es de lo más común, incluso haberlo leído y no recordarlo. Pero admitirlo, cuando uno aspira a gobernar un país, parece que cuesta. Habría sido muy interesante averiguar qué sabían de Kant los ausentes en el debate (todos, no solo los invitados), eso sí que habría sido una buena prueba del algodón.

De un tiempo a esta parte, son frecuentes las pifias de los políticos, aumentadas más si cabe por el altavoz en que se han convertido las redes sociales. Estaría bien poder cribar la morralla que abunda en la política española con algún examen tipo test específicamente diseñado para desenmascarar a mediocres, pero lo mismo la medida conducía a la anarquía. De momento ese papel lo está jugando las teles. A poco más de 20 días para las elecciones generales, los momentazos se multiplican gracias a que los candidatos echan el resto y se prestan a apariciones insólitas en otro momento, como demostrar en televisión que son seres humanos.

Sí, a mí me gustaría tener una clase política con un alto coeficiente intelectual, bien preparada, dotada para la oratoria, con capacidad crítica, resolutiva, prudente y, sobre todo, con mucha empatía. Y por encima de todo, que manejaran programas y propuestas realistas. Pero la perfección no existe. De hecho, si analizamos los currículum de nuestros parlamentarios encontraremos nivel, pero en muchos casos solo sobre el papel. Y en cuanto a sus programas, visto lo visto, parece que a la población le importan más otros detalles mucho más jugosos.

De modo que habrá que conformarse con dejar actual a la piel y decidir en función de lo que le diga a cada uno su sexto sentido.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Ni Sinsajo ni Arlo. A mí dame Coixet

Muchos trailers tienen más calidad que las propias películas que promocionan. Incluso algunos te cuentan tanto que, una vez vistos, ya no es necesario pasar por taquilla. Hay de todo entre la docena de títulos que se colocan en la parrilla de salida de los estrenos este fin de semana. “Sinsajo. Parte II” será probablemente la película que bata todos los récords este fin de semana, con permiso de los apellidos catalanes, claro. Es la cuarta y última de la saga literaria "Los juegos del hambre" y, al igual que las anteriores entregas, está protagonizada por Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson y Liam Hemsworth. Este género de la ciencia ficción distópica tiene su público, pero a mí particularmente me da mucha pereza.


Entre la oferta de cine familiar, será “El viaje de Arlo” la opción que más elijan los padres con niños. Esta comedia de animación de la factoría Pixar plantea la hipótesis de qué habría sucedido si los dinosaurios no se hubieran extinguido. La respuesta es que probablemente existiría uno muy simpático llamado Arlo que se haría amigo de un humano y viviría un viaje iniciático.


Tenemos también algunas píldoras de cine latinoamericano, como “La calle de la amargura”, una cinta mejicana dirigida por Arturo Rípstein que narra en blanco y negro una sórdida historia real, la del asesinato de dos luchadores profesionales, gemelos y enanos, a manos de dos prostitutas. Rípstein en estado puro.


Otro de estos títulos es “Paulina”, de Santiago Mitre, sobre una joven que decide abandonar una brillante carrera como abogada en Buenos Aires para dedicarse al activismo social en una zona situada entre Argentina, Paraguay y Brasil.


La aportación oriental a esta colección de estrenos semanales es “The Assassin”, del taiwanés Hou Hsiao Hsien, que obtuvo el premio al mejor director en el festival de Cannes 2015. Ambientada en la China del siglo IX, nos presenta a la hija de un general que es iniciada en las artes marciales por la monja que la secuestra y la transforma en una asesina. El día en que una misión la lleva al lugar donde nació, deberá decidir si está dispuesta a asesinar al hombre que ama o romper para siempre con la disciplina sagrada de la orden de los asesinos.


Del cine independiente norteamericano llega “Coche policial”, con Kevin Bacon haciendo de policía corrupto. La historia tiene como punto de partida el hallazgo por parte de dos niños de un coche patrulla abandonado con las llaves puestas. Por supuesto deciden aprender a conducirlo y jugar a los polis. Hasta que su dueño reclama el auto y el cadáver que había transportado en su interior.


“The diary of a teenage girl” es otra producción estadounidense. Se sitúa en el San Francisco de la segunda mitad de los 70, a caballo entre el final del movimiento hippie y el comienzo del punk rock, y bucea en el despertar sexual y artístico de una chica.


Del cine hecho en casa empezamos con los documentales. “Droga Oral” es un experimento en el que Chus Gutiérrez ha hecho pasar por delante de la cámara a un grupo de personas de todas las edades para hablar de sus experiencias con las drogas.


El segundo es “La granja del paso”. Silvia Munt dirige este documental premiado en la SEMINCI de Valladolid con el que se muestra el problema de los desahucios desde el punto de vista de sus protagonistas, los miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Sabadell.


Hay también dos producciones modestas españolas: “La Maniobra de Heimlich” es una comedia sobre un escritor que se hace popular con su primera novela, la historia sobre la muerte de su novia atragantada con un trozo de pollo. Sin ningún éxito literario más, diez años después recibe el encargo de adaptar su obra al cine.


Otra española es “Tercer grado”, del director debutante y actor catalán Geoffrey Cowper, con un argumento que promete: Después de pasar la noche con una stripper en su primer fin de semana de permiso carcelario, Mark presencia un ataque a un furgón blindado. Con ayuda de su nueva amiga tratará de recuperar el dinero robado mientras evita a la policía.


Pero de toda la cantidad de títulos que aterrizan esta semana en la cartelera, esta vez me quedo con “Nadie quiere la noche”, la última de Isabel Coixet, protagonizada por la gran Juliette Binoche, que da vida a Josephine Peary, la mujer del explorador Robert Peary. La película cuenta el épico viaje en que se embarcó esta mujer para reunirse con él y compartir la gloria de descubrir el Polo Norte, uno de los lugares más inhóspitos del mundo. Me confieso fan de esta directora, así que seguro que esta vez tampoco me defrauda.


jueves, 26 de noviembre de 2015

Sin palabras

Que la palabra del año para la web de los prestigiosos Oxford Dictionaries de lengua inglesa no aparezca en sus volúmenes es el colmo de los colmos. Y que esa palabra haya sido un emoticono, resume en qué nos hemos convertido. Face with tears of joy, el emoji de cara con lágrimas de alegría, fue elegido como la palabra que mejor refleja el ánimo y las preocupaciones de los anglosajones en este 2015. 



Y no ha sido escogido por capricho. Un estudio de la empresa de tecnología móvil Swiftkey ha detectado que el elemento más empleado por los usuarios en sus mensajes de whatsapp es precisamente esa carita, que ya no es exclusiva de los mensajes entre adolescentes, sino que se ha extendido hasta ser aceptada como forma de expresión por todo tipo de usuarios. Y es que poco a poco vamos renunciando a utilizar las palabras para, a cambio, traducir nuestras opiniones y sentimientos mediante pictogramas. No reparamos en que si ya la comunicación por escrito, a distancia, se presta en muchas ocasiones a malentendidos, por no existir la posibilidad de ver al otro y adivinar en su gesto si está aburrido, irónico o entregado, la cosa se complica cuando utilizamos dibujos precocinados. Por si acaso, y visto lo visto, no vendría mal que fuéramos entrenándonos y aprendiendo bien los códigos, no vaya a ser éste el principio de un retroceso y el ser humano se disponga a desandar lo andado hasta volver a comunicarse mediante signos y gruñidos. 

Menos mal que de vez en cuando, de manera espontánea, surgen iniciativas populares de amantes del idioma, que exploran y rescatan vocablos para confeccionar su propia lista de palabras imprescindibles por su belleza.




Aquí en España la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) lleva dos ediciones eligiendo la palabra del año. En 2013 “escrache” fue la seleccionada y en 2014 ganó “selfie”, tras una sana competencia con “postureo” y “abdicar”. ¿Alguien se atreve a vaticinar cuál será la de este año? Una pista: debe estar muy relacionada con la actualidad y haber ocupado el foco en los medios de comunicación. Se admiten apuestas.

Una curiosidad en relación con la elección de la palabra del año para Oxford Dictionary. Entre las finalistas figuraba “refugiado”. No digo más.



miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ni una menos

A Eva la mató su pareja, de la que estaba separándose, cuando fue a su casa después del trabajo a prepararle la cena. A pesar de que ya no compartían su vida, quizá pensando que era el padre de sus dos hijos, seguía ayudándole con las tareas domésticas.

A Bárbara su ex quería hacerle daño y encontró la mejor manera: arrebatarle a sus dos hijas, Amets y Sara. Las mató cuando estaban con él cumpliendo el régimen de visitas impuesto por el juez. Técnicamente no es una mujer maltratada, así que no recibe ningún tipo de ayuda, ni siquiera para pagarse la terapia que la ayude a soportar tanto dolor.

La hija de 6 años de Davinia se ha quedado huérfana. Su padre estranguló a su madre y luego se ahorcó. No me atrevo a imaginar de qué manera puede marcar la vida de una niña un experiencia de esta magnitud. 

Elvira había quedado con su ex para recoger a su hijo de tres años. Iba acompañada por su madre. En plena calle, después de entregarle al pequeño en su sillita, el hombre volvió al coche, cogió un arma y acabó con la madre y la abuela en presencia del menor. La mujer se había negado anteriormente a declarar ante el juez y denunciar a su ex pareja por unas lesiones que -dijo- eran fruto de un accidente doméstico.

Para hablar con propiedad y de una manera políticamente correcta, en todos estos relatos falta una palabra: presuntamente. Pero me cuesta utilizarla cuando se trata de crímenes evidentes y con testigos, por mucho que no haya una sentencia judicial por medio. 

En lo que va de año 48 mujeres han muerto a manos de sus parejas. Hoy es el Día para la eliminación de la violencia contra las mujeres y mientras esta fecha esté en rojo en el calendario significará que aún queda por hacer.


martes, 24 de noviembre de 2015

Prohibido hacer fotos

Esta mañana me han llamado la atención por hacer una foto con el móvil en el interior de la pastelería Cala-Millor en Las Rozas. Vi que ya habían colocado la decoración navideña y cuando me disponía a retratar las guirnaldas para subirlas a Instagram como prueba de que cada año nos adelantamos más a la Navidad, la dependienta me indicó amablemente que estaba prohibido hacer fotos en el establecimiento. Con el sobresalto no me dio tiempo ni a enfocar, así que esto es lo que logré captar con la cámara del teléfono.


Como es lógico le hice saber mi sorpresa ante tal prohibición, sobre todo cuando hacía algunas semanas, coincidiendo con el Día del Pan, yo misma había fotografiado en ese mismo lugar una hucha en la que recogían donativos para una ONG, con la intención de subirlo a twitter y alabar la política de responsabilidad social corporativa de esa compañía. 


Sí, vale, tampoco me quedó muy allá la foto. Tengo que cambiar de móvil... lo que no sé es cuándo.
Volviendo al tema, la empleada me explicó que en aquella ocasión yo había pedido permiso, pero hoy no. Y concluyó con que habían pillado a gente de la competencia haciendo fotos de los productos y sus precios, y querían evitar que la gente copiara el gran trabajo que con enorme esfuerzo hacía su jefe. Así que el primer filtro para detectar a piratas era ese: cuando la gente pedía permiso para hacer la foto, dejaba de ser sospechosa y automáticamente se entendía que sus intenciones eran buenas… No sé que oscuros y retorcidos propósitos podría yo perseguir con el gesto de fotografiar una guirnalda de Navidad.

El año pasado me ocurrió algo parecido en Mercadona. Me habían encargado comprar unas cuchillas de afeitar. Como es un campo que no domino, fotografié la estantería donde estaban colocados los productos para enviar la imagen por whatsapp y consultar. En el mismo momento que le di al disparador, oí una voz que me decía “no se pueden hacer fotos”. Era una empleada con cara de malas pulgas a la que no le importó que yo le confesara mi asombro. Compartí en las redes sociales el episodio y recibí algunos comentarios jocosos hablando de espionaje industrial. La única reacción de la empresa fue un mensaje en Twitter de su Community Manager pidiéndome que llamara al teléfono de atención al cliente para tratar el tema. Por supuesto, ni me tomé la molestia.  

Hace poco leía un interesante artículo en El País donde explicaban cómo las redes sociales y el mundo virtual han venido a cambiar las reglas del juego en todos los ámbitos, y se centraba en el mundo del teatro, donde se ha pasado de la prohibición total de captar imágenes durante las representaciones a casi pedir al público que haga fotos y las suba a internet para dar difusión a la función y que sirva de publicidad gratuita para la obra.

Y así pasa con todo. El dueño de Cala-Millor -y también el de Mercadona- no deben entender que un par de fotos hechas por clientes, acompañadas por comentarios en las redes sociales sobre lo acogedor que está su local, el espíritu navideño que se respira en su interior o lo sabrosos que están sus productos, pueden ser mejor reclamo –y más barato- que un faldón en un periódico. Y que quizá haya que correr el riesgo de que te venga a espiar la competencia si, a cambio, consigues entrar en el 2.0 por la puerta grande, la de la promoción de tu propia clientela. El posible daño que pueda hacerte un desaprensivo utilizando una imagen robada siempre será un diminuto grano de arena dentro de la inmensidad de playa en que pueden convertirse los testimonios virtuales de adhesión si realmente haces bien tu trabajo. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

Me pongo colorada... y no solo cuando me miran

Tengo que confesar que sufro flushing. Quizá sea más preciso llamarlo flushing emocional o blushing. Para que todo el mundo lo entienda utilizando el término castellano, padezco rubor facial. Vamos, que me pongo colorada, y no solo cuando me miran, como decía la canción. Estaréis conmigo en que también en este caso el término inglés suena mejor.

Lo mío no llega al extremo de la eritrofobia, afortunadamente no tengo pánico a ponerme colorada. Asumo que en ciertos momentos, por nervios, estrés, timidez, vergüenza, cuando me toca hablar el público o ser el centro de atención, el color rojo va tiñendo mi rostro, incluidas las orejas, a la vez que noto subir la temperatura de mi cara. Pero sigo adelante con lo que estaba haciendo, esperando que pase pronto y, sobre todo, que ninguno de los testigos de la llamativa transformación mencione nada al respecto. Porque eso sí que es demoledor, ser consciente de que te estás poniendo como un tomate y que venga alguien a decirte “¡Anda! Te has puesto como un tomate”.

Durante mi infancia viví más como un drama este problema. De niña sí que me ruborizaba con mayor frecuencia y sin previo aviso, y lo pasaba fatal. Si entonces hubiera habido internet, quizá me habría ayudado encontrar artículos como éste. Pero, a medida que iba haciéndome mayor, empecé a controlar estos episodios, básicamente aprendí a reírme de ellos y de mí misma, y creo que así fue como conseguí que se espaciaran en el tiempo. Eso sí, todavía hoy, de vez en cuando, me ruborizo. La última vez esta misma mañana, en medio de un simulacro de entrevista laboral, cuando practicaba con mis compañeros del taller de empleabilidad y me imaginé en una situación real. Lo vi venir, pero no pude hacer nada para evitarles el espectáculo a mis colegas. ¡Horror! ¡Trágame tierra! Imposible pararlo, sobre todo cuando empiezas a sospechar lo que pasará por la mente de las personas que te observan y piensas que ya no están escuchándote, sino esperando por si en algún momento tu cabeza estalla.

Darwin dijo que el rubor era la más humanas de las expresiones, “no es la risa sino el gesto de sonrojarnos lo que nos distingue del resto de animales”. Y el blushing no deja de ser una reacción emocional de nuestro sistema nervioso simpático que se hiperactiva y dilata los vasos sanguíneos faciales de manera transitoria ante una situación que nos resulta incómoda. La mayor densidad de capilares en el rostro, su mayor superficialidad y el tono claro de la piel facilita que intuyamos el proceso. Aquí tenéis una interesante disertación médica al respecto.

Existen algunos tratamientos para solucionar esta afección, incluida la cirugía (mediante la misma técnica con que se trata el exceso de sudoración, denominada simpatectomía), especialmente indicada para quienes lo viven como un drama y son incapaces de llevar una vida social normal. No es mi caso. Prefiero seguir poniéndome colorada. Hay quien en esto ve un síntoma de inocencia, así que aprovechémoslo. Incluso entre los emoticonos figura uno de los nuestros, con sus mejillas sonrosadas. En fin, que me propongo seguir afrontándolo yo sola, sin ayuda externa. Y haber sido capaz de escribir todo esto sin ruborizarme ya es un gran avance.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Domingos de Papel

Hubo un tiempo en que los domingos no eran domingos para mí sin empezar el día con una escapada rápida a la calle para comprar el periódico y unos churros. Luego, de nuevo en casa, disfrutaba del placer de ese hipercalórico desayuno con un café caliente mientras leía El País sin saltarme ni una línea, ni siquiera las columnas más infumables. Eso incluía devorar las coloridas páginas de la revista dominical y terminar rellenando uno a uno todos los pasatiempos. Cerca de la una, hacía una parada técnica para el aperitivo, y después del almuerzo, retomaba la lectura donde la había dejado. Para cuando se había puesto el sol, la prensa ya estaba convenientemente manoseada. 

Internet (y la vida) vino a trastornar un poco toda ese ceremonial. No había necesidad de quitarse el pijama para leer la prensa y, además, los hábitos saludables no casaban con la ingesta de fritanga. Lo que no ha cambiado es el placer que experimento cuando, al final de la semana, leo de manera pausada historias que no tienen hueco en el día a día informativo. Ahí es donde entra Papel, el magazine dominical que acompaña al diario El Mundo desde hace poco más de dos meses. Me gusta su tacto, el olor de sus páginas, su tipografía, las firmas que lo pueblan, el enfoque de sus reportajes, las imágenes que la ilustran, el desenfado de sus redactores, la selección de sus temas, el concepto digital que transmite un producto tan analógico. Y aunque está disponible en la web, yo prefiero acariciar sus páginas con mis dedos.

Me gusta Papel. Me gusta que en los tiempos que corren, que cada vez se venden menos periódicos en los kioskos, se siga apostando por arriesgar, innovar y crear buenos productos en formato papel. Felicito a Javi Gómez y todo su equipo por este gran trabajo. Y a David Jiménez por el soplo de aire que parece haber oxigenado la redacción del periódico desde que aterrizó en su dirección.


sábado, 21 de noviembre de 2015

Cuánto me gusta un clásico

Llevo cinco años, siete meses y once días sin fumar. Lo dejé el 10 de abril de 2010. Lo recuerdo perfectamente porque encendí mi último Malboro Light después de un Madrid-Barça. Me hice una promesa: si ganaba mi equipo en el campo del eterno rival dejaría el tabaco. El partido acabó 0-2. Y es que cuando uno toma una decisión de esa magnitud hay que elegir bien la fecha. Qué mejor que un clásico para marcar el día en el calendario y no olvidarlo en la vida. 

Creo que ha sido el cigarrillo que más he disfrutado en toda mi etapa adictiva, por encima de los que acompañaba con café o los de después de. Con la satisfacción de la victoria del Barça en el Santiago Bernabeu, viendo la cara de derrota de los madridistas, escuchando sus comentarios desgarrados e imaginando como sería el lunes en la oficina... ¡menudo subidón de nicotina y alquitrán! He de confesarlo. Me gusta hacer de rabiar a los madridistas de raza, verles realmente cabreados cuando cae su equipo. Yo no me lo tomo tan a la tremenda cuando me toca ver perder al Barça, será que me recupero de las derrotas con facilidad o que no soy una culé genuina. La verdad es que como merchandising del FC Barcelona, no tengo ni camiseta, ni bufanda, ni gorro. Solo poseo un banderín (que no recuerdo cómo llegó aquí)... 


...y un imán de nevera. 



¡Ah! Y una serigrafía de la artista Kima Guitart, edición limitada y exclusiva para el FC Barcelona, que terminó accidentalmente en mi casa y que aún no he decidido en qué pared colgarlo sin que desentone. 



Esta tarde hay un Madrid-Barça. Esos son los que más me gustan. Los prefiero a los Barça-Madrid. Me pone más ganarles en su casa. Me divierte ver como dejan de cantar “Polaco el que no bote” cuando les metes el primero. Y soy consciente que la estadística está de su parte (de las 85 veces que se han enfrentado en el campo del Madrid, 52 veces han ganado los blancos, 18 los blaugranas y en 15 ocasiones han empatado), pero no pierdo la esperanza de ver invertida la tendencia antes de morirme. Además, si el jugar en casa se les da bien a ellos, a nosotros se nos da mejor este árbitro, Fernández Borbalán. Con él pitando hemos ganado más veces.

Hay aficionados que se reúnen para la ocasión y siguen toda una liturgia en torno al clásico. Yo prefiero verlo tranquilamente con una cerveza y unas patatas fritas, y a mi lado el móvil vibrando cada vez que hay alguna jugada decisiva. Si lo dan por un canal que se ve en casa, sin problema, pero si lo emiten de pago, ya te obligan a buscar un bar de confianza o explorar alguna de las páginas de internet que piratean la señal. Es entonces, ante las adversidades, cuando mi espíritu culé se arruga y me digo, uf, qué pereza…bueno, siempre nos quedará la radio.

¿Mi pronóstico para esta tarde? Hombre, no creo que podamos repetir gestas como el 2-6 de hace seis temporadas, el 5-0 en el Camp Nou en 2010 en plena época Mourinho o el emocionante 3-4 en el Bernabeu donde el Tata Martino se impuso a Carlo Ancelotti gracias a un gol de Messi de penalti a cinco minutos de final. Eso sí que sería fantástico, porque si algo fastidia a mis amigos del Madrid es perder en el último minuto. En fin, me conformo con un 0-1. Y si finalmente juega la Pulga, que lo meta él, así se convertiría en el máximo goleador en la historia de los clásicos de Liga. Hasta ahora no había conseguido más que empatar a 14 goles con Di Stéfano. Sería la jugada perfecta.

Amigos fumadores culés y merengues: si estáis pensando en dejarlo, hoy puede ser ese gran día.

viernes, 20 de noviembre de 2015

No solo de apellidos catalanes vive la cartelera

Hoy llegan a los cines varias destacadas películas de estreno. La que probablemente rompa la taquilla este fin de semana será “Ocho apellidos catalanes”, la continuación de “Ocho apellidos vascos” para la que Emilio Martínez-Lázaro ha jugado sobre seguro sumando al exitoso elenco de la primera parte fichajes tan potentes como el de Rosa María Sardá.
 


Pero como para esta peli habrá largas colas y no es cuestión de perder el fin de semana esperando para comprar una entrada, veamos que otras propuestas atractivas hay en la cartelera. No tiene mala pinta “Life”, el biopic sobre James Dean rodado por Anton Corbijn, que cuenta la relación entre el malogrado actor y el fotoperiodista de la revista Life que le retrató para la posteridad, un papel interpretado por el vampiro Robert Pattinson.



Curioso es el documental “I am your father”, sobre el hombre que estaba detrás de la máscara del villano más villano de la historia del cine, Darth Vader.



La aportación francesa es “Conexión Marsella”, de Cédric Jimenez, va de la lucha de un joven juez contra el crimen organizado, un thriller de acción basado en la verdadera historia del conocido como Elior Ness francés de los 70 y que protagoniza Jean Dujardin, el de la oscarizada película muda “The artist”.



Se cuela en la cartelera una historia sobre chicas en Nueva York, “Mistress America”, una comedia rara, calificada como “divertida, ingeniosa y emocionalmente compleja”, premiada en Sundance y dirigida por un realizador curtido en el arte de escribir guiones para películas de animación, Noah Baumbach. Se acompaña de nuevo en este proyecto por su pareja, Greta Gerwig, que además de protagonista ha escrito el guión.



Hay una cita para minorías, de esas que tienes que buscar a conciencia porque casi no se proyectan en ningún cine, y que llega desde Corea del Sur acompañada de buenísimas críticas de quienes la vieron en el festival de San Sebastián. Se titula "Niebla" y cuenta una historia real, la de un capitán de un barco pesquero que para salir de la ruina se embarcará en el negocio de transportar inmigrantes ilegales de China a Corea.



Pero de todo lo que se nos ofrece desde hoy en los cines, si tuviera que escoger, me quedo con "Grandma", una peli que sospecho dará que hablar. Cuenta la historia de una adolescente que se ha quedado embarazada y recurre a su abuela para que le ayude a conseguir el dinero que le permita abortar. Ambas se embarcarán en una aventura que durará un día y cambiará sus vidas por completo. La actriz Lily Tomlin da vida a la abuela, una irónica lesbiana a la que acaban de abandonar, en un papel que huele a oscar. El tercer vértice femenino de la película es la madre de la chica, Marcia Gay Harden, una ejecutiva tan centrada en el trabajo que ha descuidado demasiado la vida familiar. Papeles a medida de un guión brillante para una pequeña película de las que miras como si no estuvieras en el cine.



Que disfrutéis con el cine. A ver si en un futuro próximo os puedo repasar la cartelera también en formato podcast, así podéis escucharme además de leerme. 

jueves, 19 de noviembre de 2015

Elecciones en la Asociación de la Prensa de Madrid

La Asociación de la Prensa de Madrid celebra hoy elecciones para renovar su Junta Directiva. Estamos llamados a votar más de 7.600 periodistas asociados que debemos elegir entre dos candidaturas, la que encabeza la actual presidenta, Carmen del Riego, y la que lidera una histórica, Victoria Prego. Por primera vez desde su fundación en 1895, se disputan el cargo dos mujeres.


Llevo asociada a la APM muy poco, un año largo. Siempre me había resistido a entrar en un club que me admitiera como socia, pero al final claudiqué, no por tener el beneficio de la cobertura médica, que es lo que mueve a muchos, sino por sentirme parte de un oficio del que mi devenir laboral me estaba empezando a alejar. Aún no he podido experimentar el sentido de pertenencia a este club (a no ser por los 66 euros que suelto al trimestre), ni por el momento tengo la sensación de haberle sacado partido a mi carnet. El caso es que la de esta mañana ha sido mi primera visita a la APM y en los instantes previos me ha invadido cierto nerviosismo. La llegada a la sede de la Asociación, inaugurada en 1983 en la esquina entre Juan Bravo y Claudio Coello, así, de primeras, impone, con ese monumento a la libertad de expresión en el chaflán del edificio.


Luego, una vez dentro, ha sido como recibir un curso intensivo de historia del periodismo español. No había visto nunca juntas a tantas veteranas figuras del oficio -flor y nata en una época- como en el cuarto de hora que he pasado allí, empezando por las dos candidatas que saludaban amablemente a todo el mundo, y terminando por el que fuera mi profesor de Redacción Periodística, y de más de 10.000 alumnos -calcula- a lo largo de toda su carrera docente, Enrique de Aguinaga, convertido ya en nonagenario y que no ha perdido una pizca de sentido del humor a pesar del paso del tiempo y los golpes de la vida. 

He de mencionar que gracias a estar acompañada por mi penúltimo jefe, Santiago Chivite, que ha oficiado de cicerone (yo para lo de las relaciones públicas me reconozco incapaz), he podido saludar a reconocidos profesionales a los que admiro y a cuyo nivel difícilmente llegaré ya en esta vida (quizá en la próxima).

Esta noche se sabrá quién estará al frente de la institución los próximos cuatro años. Podría decir cuál ha sido mi voto, pero a quién le importa. Vistos los programas de gobierno de estas dos profesionales, estoy convencida de que, salga quien salga, desde la institución tratarán de preservar los derechos de los periodistas atendiendo a los retos a que nos enfrentamos y con claras líneas de acción: combatir el desempleo en el sector, favorecer la adaptación a los nuevos escenarios digitales, despolitizar los medios y defender la dignidad de la profesión (#gratisnotrabajo).

miércoles, 18 de noviembre de 2015

¿Me informas o me vendes?

Debo ser muy antigua, pero sigo sin cogerle el punto a eso de mezclar información y publicidad (¡Qué voy a hacerle! A mí se me quedó grabado a fuego eso de "cuidar la antena"). Me chirría mucho en televisión, pero en radio me provoca directamente ardor estomacal. Hubo un tiempo en que los informativos y los programas de ambos medios, y por extensión sus profesionales, estaban separados por una marcada línea roja, y la publicidad se ubicaba sin discusión en el contenedor de entretenimiento. Hace un puñado de años la crisis, las nuevas tendencias o vaya usted a saber qué, borró de un plumazo esa diferenciación hasta el punto de que los anuncios empezaron a colarse en las noticias poniendo en peligro, a mi entender, el deber último del periodista y el sentido de ese tipo de espacios informativos, que es transmitir la actualidad de manera objetiva y sin interferencias. Desde el momento en que un profesional salta de contar una noticia a vender un producto sin solución de continuidad, pierde para mí toda la credibilidad. Lo explica perfectamente Justino Sinova en esta entrada de su blog y comparto de arriba abajo este planteamiento.

Imagino que las presiones del departamento comercial y de la gerencia del medio cuando tienen que cuadrar los números llegarán bien amplificadas al periodista de turno, que no tendrá más remedio que incluir ese contenido en su escaleta y aprender a vivir con ello, algunos muy dignamente haciendo de la necesidad, virtud.




No me cierro en banda a que los informativos también resulten rentables publicitariamente hablando, pero existen muchas otras fórmulas para no hacer pasar al presentador por el trago de tener que vender un colchón, un teléfono o unas patatas después de haber informado de una noticia luctuosa. Una de las fórmulas que menos me incomoda es el patrocinio y, por supuesto, siempre que sea posible, con una voz ajena, la de un profesional de la locución publicitaria, que hay muchos y muy buenos. Aquí tenéis un ejemplo.

Capítulo a parte merecen los espacios deportivos, donde parece que hay más permisividad, bien por la temática, bien por el tipo de audiencia a la que se dirigen, o simplemente por el carácter dicharachero de sus conductores. En ese caso, casi se agradece escuchar de vez en cuando alguna mención publicitaria, sobre todo en programas donde los anuncios son parte fundamental del espectáculo, como Tiempo de Juego.




No cabe duda que han creado escuela y esta práctica se ha convertido en recurso habitual para vender publicidad en todos los programas deportivos de la radio, los más rentables con diferencia de toda la parrilla. 



En televisión, para salvar la prohibición de incluir anuncios en espacios informativos, se ha optado por separar los deportes del telediario y crear un nuevo contenedor publicitario donde ya no importa si el presentador hace un juego de palabras para saltar de dar la crónica a cumplir con un anunciante, aunque a mí no me termina de convencer.




Lo del periodista convertido al 50% en figura de telediario y figura de anuncio, traspasando las fronteras de su propio medio, no es exclusivo de Matías Prats. Desde hace años la publicidad ha tentado y hecho caer en sus redes a más de uno. Entiendo que las marcas busquen mayor visibilidad a través de figuras familiares para el gran público y también respeto que estos iconos televisivos acepten unos trabajos que les reportan un extra económico -a nadie le amarga un dulce-, pero la decisión deviene en problema llega cuando te equivocas al elegir el producto del que vas a ser imagen. El error te acompañará como una sombra cada vez que dé comienzo tu informativo.

Para terminar, la Ley General de la Comunicación Audiovisual, que regula en nuestro país el derecho a emitir mensajes publicitarios, señala que los anuncios deben estar claramente diferenciados del contenido de los programas. Bien, pues periódicamente la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) tiene que sancionar a programas y cadenas por saltarse a la torera la normativa. La última vez, hace menos de un mes.



martes, 17 de noviembre de 2015

5 cosas que he aprendido desde que estoy "los lunes al sol"

En los cinco meses que han pasado desde que terminó mi último contrato laboral, me ha dado tiempo a aprender algunas cosas que voy a compartir pensando no sólo en que puedan ser de utilidad para los que atraviesen por mi misma situación, sino para todo el que quiera estar preparado en caso de que también a él le pueda suceder, algo que en estos tiempos de EREs y liquidaciones no sería extraordinario.

1.-Hay multitud de portales de empleo, casi tantos como aplicaciones para el smartphone: Infojobs, Infoempleo, Job and Talent, Monster… Y existe la opción de abrirse perfil en cada uno ellos, pero a mí solo me ha servido para recibir alertas en el correo electrónico, eso sí, después de haber dado todos mis datos personales y que estén rodando por la red… Veremos qué poco tarda en llegarme el spam digital y telefónico… Pero, desengañémonos, aunque tenemos más tiempo libre, no podemos perderlo revisando estas webs una a una en busca del trabajo de nuestra vida. Por eso, para economizar esfuerzos, lo mejor es utilizar Indeed, un buscador que rastrea todo lo que se ofrece en bolsas de trabajo, páginas de empresas, periódicos, clasificados y los portales del sector, es decir, el Google de cabecera de los parados.

2.-Es obligado estar en Linkedin. En mi caso llegué tarde a esta red social profesional, justo cuando me quedé en la calle. Lo suyo es darse de alta cuando estás en activo. De hecho, los reclutadores tienden a buscar el talento en empresas de la competencia o simplemente a tipos que en el campo dedicado al trabajo actual dejan bien claro que pertenecen a una compañía. De modo que lo de llegar a Linkedin recién parada da un poquito el cante, sobre todo cuando tratas de conectar con gente que hace años salió de tu vida. En cinco meses solo he sido capaz de conseguir 149 contactos… y parece ser, según mis orientadoras laborales, que debo llegar a 501. Lo veo francamente difícil. Por más vueltas que le doy al apartado de “Gente que podrías conocer” no conozco a nadie, bueno, al menos no considero que pueda ser gente que pueda dar el perfil de lo que se entiende por contacto.

Creo que Linkedin no es la mejor herramienta para buscar trabajo, sí quizá para tener cierta visibilidad y que si alguien que te reencuentra sabe de algún puesto en proceso de cubrir, te tenga en cuenta y se te incluya entre los candidatos. Por lo demás, si fuera efectivo como bolsa de empleo, imagino que afinaría en la personalización de las sugerencias de puestos, porque lo que es a mí, debe verme como una mujer del Renacimiento, lo mismo me sugiere un puesto de técnico de marketing online en Marbella, que consultor tecnológico junior en Barcelona o periodistas digital-tradicional en Murcia y alrededores.

3.-Hay que estar preparada para ver que las ofertas no son las que esperabas, que se pide mucho por poco, que se está convirtiendo en algo común que a un puesto apliquen más de 1.000 personas, que puede que no recibas ni una respuesta y que pueden pasar meses sin hacer ni una sola entrevista. Hay que asumir que mientras se cubran puestos por empleados en prácticas con sueldos precarios, será complicado que las empresas estén dispuestas a buscar más calidad, experiencia y gasto. Y, sobre todo, que hay mucho “listo” en todas partes, también en este mundillo en el que suele respirarse desesperación por buscar un trabajo, así que no faltan los que intentan hacer negocio con ello pensando que hay gente dispuesta a hacer cualquier cosa por volver al mercado.

4.-No renuncies a los programas de desarrollo de la empleabilidad y al coaching, generan endorfinas y de qué manera. Te servirán para encontrar lo bueno que hay en ti, trabajar el autoconocimiento con el análisis DAFO, desarrollar tu marca personal, generar confianza en tus posibilidades e, incluso, soñar con conseguir cosas que cuando estabas en activo ni siquiera te atreváis a desear, ¡bendito mandala! Gracias a las profesionales de The Bold Choice por su tutelaje. Es más viejo que la propia vida, pero qué bien sienta que te recuerden que tú puedes. Además, cualquier tipo de formación que sirva para ampliar tus conocimientos, reciclarte o reinventarte siempre es bienvenida. Y la ventaja es que la mayoría de los Ayuntamientos ofrecen estos servicios de manera gratuita.

5.-Tienes que conseguir que tu entorno comprenda que estar sin empleo no significa no tener trabajo, tienes un trabajo mucho más duro: encontrar la forma de volver al mercado laboral, y eso requiere cantidad de tiempo, una estrategia seria, planificación estricta, horas de ordenador, citas continuas… Así que, cuando alguien tenga la tentación de pedirte que te encargues de la compra, la limpieza de la casa, entretener a los niños, hacer una gestión… “ya que tú estás en paro y tienes más tiempo libre”, deberías respirar hondo, contar hasta diez y explicar de manera didáctica y convincente que gustosamente colaborarás en esas tareas, que ya contabas con ello, pero cuando termines de hacer lo que tenías previsto. ¡Ah!, y prepárate a recibir miradas a medio camino entre la lástima y la sospecha, algunos susurrarán a tus espaldas “mira éste, a la sopa boba”, o los habrá que te preguntarán, “¿cómo te planteas este parón? ¿Tipo año sabático?”. En fin, sí, la buena noticia es que dispones de más tiempo libre que tú mismo administras y que te puede permitir hacer cosas que antes no podías (este blog, por ejemplo), por eso el primer paso decidir qué quieres hacer, una elección que no es tan fácil de tomar como presuponen algunos. Tras cinco meses de reflexión y de pegarme con mi modelo de curriculum vitae, yo ya empiezo a tener las cosas medio claras... Y eso que Linkedin no te lo pone nada sencillo ;-))))