miércoles, 9 de marzo de 2016

El CIS nos da un 'zas'

Según el barómetro del CIS, la corrupción ha escalado peldaños entre las preocupaciones de los españoles y ya está en posición de medalla de plata. Si en enero el porcentaje de entrevistados que mencionó ese problema entre sus prioridades fue un 39,2%, en febrero ha aumentado la cifra hasta el 47,5%. 


He ido revisando la serie histórica y me ha llamado la atención que el porcentaje máximo en este apartado, un 63%, se alcanzara en diciembre del 2014, es decir, que la percepción del choriceo patrio estaba más extendida entonces que ahora, a pesar de que últimamente por las noticias tengamos la sensación de que aquí todo el mundo está pringado. Con el propósito de saber qué ocurría en ese final de 2014 para que las encuestas fueran tan demoledoras, he tirado de hemeroteca. Os invito a realizar periódicamente este ejercicio de refrescar la memoria informativa porque es muy entretenido. He recurrido al archivo digital de portadas de El País -qué organizado lo tienen, por cierto- y he seleccionado al azar la del 1 de noviembre de ese año. Adivinad qué titulares aparecían en la portada:

Granados a prisión como eje de una “organización criminal” y El octubre negro de la corrupción suma 127 investigados. Al día siguiente le tocó salir a Marjaliza y al siguiente mandaba en primera el título Los grandes partidos se movilizan contra la corrupción acuciados por Podemos…Otro dato de la serie de sondeos del CIS me ha llamado la atención. Entre enero y febrero del 2013 se aprecia un subidón de 17,7% a 40%… ¿Qué nos cuentan las portadas de los periódicos entonces? El caso Bárcenas, los sobresueldos, la caja B del PP…

Es lógico que la actualidad informativa, los impactos que recibe el ciudadano en forma de noticia, moldeen su percepción de la realidad. Es de cajón. Por eso es tan importante la función que desempeña la prensa y por eso hay que exigirle un rigor absoluto, porque en su mano está que la ciudadanía vea el mundo sin filtro, no del color del cristal con que lo mira cada medio. 

Ya metida en faena, he buscado en el histórico del CIS el momento en el que el interés popular por este tema de la corrupción estaba más bajo. Hay que remontarse a marzo de 2003, cuando solo un 0,1% de los ciudadanos encuestados se manifestaba preocupado por el asunto. Entiendo que no es que no existieran presuntos chorizos en aquella época, sino que no había aflorado esta práctica delictiva. Además por entonces el no a la guerra era el monotema. 

Si uno escarba en el CIS encuentra resultados fascinantes. Por ejemplo, ¿sabéis cuánto le preocupa a la gente la crisis de los refugiados? Nada, absolutamente 0,0%, como una Buckler sin, y eso que las portadas durante estos meses y los informativos en todas las cadenas de radio y televisión reflejan con profusión este drama a las puertas de Europa. Entonces, ¿por qué a nadie le interesa o, al menos, por qué la gente no lo considera una preocupación? Pensaréis “Bueno, es que se ve de lejos”. Bien, pues vayamos a algo más cercano y tangible: la reforma laboral. ¿A quién le importa? Al 0,1% de los encuestados, el mismo porcentaje que mencionó la subida de las tarifas energéticas o la monarquía. ¿Será entonces el medio ambiente prioritario? Pues tampoco, solo lo menciona un triste 0,2%. 

Golea, en cambio, el paro, un tema para el que el ciudadano de a pie no necesita apoyo informativo, quien más y quien menos tiene a alguien de su entorno sufriendo el maldito desempleo. Y ojo porque la falta de gobierno solo preocupa a un 1,4%, a pesar del machaqueo diario en la prensa, eso sí que es para diván de psicoanalista. No hay quien lo entienda, por qué el ciudadano medio es más permeable a unos asuntos preocupantes y no a otros. Mi diagnóstico es que el español considera inaceptable que uno de los suyos pueda enriquecerse de manera irregular mientras él tiene que ganarse la vida con esfuerzo. Eso nos toca más la moral que el hecho de comprobar cómo hay personas que huyen de la guerra y el terror y malviven esperando que el resto del mundo les dé una oportunidad. 


Por acabar con mejor tono, ahí dejo otro enfoque curioso dentro de esta ensalada de datos, el que destaca El Confidencial sobre la costumbre de visitar la iglesia. Contrariamente a lo que podríamos suponer, según el CIS, los votantes de Podemos van con más frecuencia a misa que los del PP. Lo que demuestra que los prejuicios nublan el juicio.

Definitivamente, lo del CIS es ver para creer.

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