domingo, 6 de marzo de 2016

La próxima semana que nunca llega

Una de las cosas que peor se lleva cuando estás en paro es que te digan “Te llamo la próxima semana y quedamos a tomar un café”. Sobre todo cuando pasa la hipotética fecha y el teléfono no ha sonado. Ninguna persona de las que han utilizado esta expresión para dirigirse a mí ha llamado luego, al menos durante estos últimos meses. No es un reproche. Me hago cargo de que la gente con un trabajo y una vida siempre está muy atareada. Imagino que no mienten cuando dicen eso, que realmente desean quedar y no es una manera educada de hablar, lo que pasa es que al final se les complican las cosas, la vida cotidiana les devora, y siempre hay unas prioridades entre las que no figura compartir unos minutos con una conocida.

Mañana reanudo temporalmente mi vida laboral. Es un contrato remunerado por solo dos meses, pero menos es nada. Hay qué ver cómo cambia la manera de enfocar las cosas en función de la perspectiva. Cuando uno está arriba y tiene el mundo a sus pies, todo lo ve accesible y valora las cosas midiéndolas por ese rasero de superioridad, así que por lo general quiere más porque todo le parece siempre demasiado poco. Mientras que cuando miras el mundo desde abajo y para ver lo que deseas no te queda otra que levantar la vista, cualquier cosa te parece fabulosa y todo lo que consigues se te hace difícilmente superable. De ahí que este breve trabajo lo encare como una gran oportunidad que se me presenta.

Esta buena noticia implica varias cosas, por ejemplo que quizá mi nueva ocupación no me permita mantener el ritmo de actividad bloggera que llevaba hasta ahora, aunque intentaré seguir contando casi a diario lo que se me vaya ocurriendo –me resisto a renunciar a este ejercicio catártico que he descubierto-. Incluso es posible que deba abandonar mi podcast o reducir su periodicidad, como también me temo que sufrirá mi costumbre de escribir relatos de vez en cuando y presentarlos a concursos. 

Lo peor es que todos los cafés pendientes con aquellos que me dijeron “Te llamo la próxima semana y quedamos” -en caso que de repente se acordaran de su promesa- van a tener que esperar. Al menos hasta dentro de dos meses. 





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