miércoles, 30 de marzo de 2016

No tomarás el nombre de Miguel Hernández en vano

Miguel Hernández fue un poeta a caballo entre la generación del 27 y del 36. Nació en 1910 en Orihuela en el seno de una familia humilde dedicada a la cría de cabras y desde pequeño pastoreó este ganado, lo que no le impidió leer y escribir poemas mientras cuidaba el rebaño. Autodidacta, sus visitas a la biblioteca y la formación de un grupo literario fueron el germen que fructificó luego en Madrid como creador y miembro destacado de una generación de poetas. Comprometido con los pobres y desheredados, su poesía adopta un carácter social. En la guerra Civil se alista en el bando republicano y se afilia al Partido Comunista. Tras la guerra es detenido antes de poder salir del país. Juzgado y condenado a muerte, consigue finalmente conmutar la pena por la de 30 años de cárcel. Mientras su mujer y su hijo padecen penurias, él enferma y muere de tuberculosis en la prisión de Alicante el 28 de marzo del 42. Fue enterrado en un nicho del cementerio de Alicante tal día como hoy hace 74 años. En 2011 la Sala de lo Militar del Supremo denegó un recurso de revisión de la condena como pedía la familia considerando que había sido impuesta por motivos ideológicos y que la Ley de Memoria Histórica la anulaba. 

Andrés Bódalo es concejal de Jaén en Común (marca blanca de Podemos) y secretario de Acción Social del Sindicato Andaluz de Trabajadores. Se crió en las cuevas de Jódar y con diez años se unió a una cuadrilla de jornaleros como aguador. Desde entonces su vida está ligada al campo y a la lucha por los derechos de los trabajadores de la tierra. Bódalo ha entrado hoy en prisión para cumplir una pena de tres años y medio por un delito de atentado a la autoridad y una falta de lesiones, con la agravante de reincidencia. Por lo que dice la sentencia, en 2012, al grito de "¡ahí viene el Ibarra, vamos a por él!", agredió junto con otros jornaleros al concejal socialista de Jódar Juan Ibarra, que terminó magullado y con contusiones.

Leo que no era la primera vez que Bódalo se veía involucrado en un episodio violento. Su sindicalismo extremo le ha llevado a reivindicar trabajo y pan mediante acciones no del todo pacíficas, como asaltar supermercados u ocupar fincas. Tenía ya otra condena por atentado dictada por la Audiencia de Sevilla en 2010 por entrar por las bravas a la Consejería de Agricultura con el Sindicato de Obreros del Campo en 2005 para exigir la cesión de una finca. Se subió a la azotea y cuando los policías trataron de desalojarlo se lió a dar patadas y manotazos mientras profería gritos como "¡fascistas de mierda, franquistas, cabrones!". Cuatro de ellos acabaron con traumatismos. En su expediente figura también una falta de lesiones por liarse a mamporros en una pelea con jóvenes de extrema derecha que protestaban por la presentación en Jaén de un libro del diputado de Amaiur Sabino Cuadra, y un delito contra los derechos de los trabajadores en 2002 cuando destrozó una heladería de Úbeda para obligar a sus propietarios a hacer huelga. 

La familia ha pedido el indulto y la causa tiene el apoyo de los dirigentes nacionales de izquierdas. Él se declara inocente y pregunta qué va a ser de sus hijos, su nieta y su pareja con él en la cárcel.


Ahora que cada uno encuentre los parecidos entre ambos personajes. Yo, a diferencia de Teresa Rodríguez, la portavoz de Podemos en el Parlamento andaluz, no se los veo, salgo la coincidencia en los orígenes humildes, lo temprano en que ambos comenzaron a trabajar en el campo y el hecho de que Bódalo es de Jaén y el poeta les dedicó versos a los aceituneros altivos. En cuanto al tono de denuncia de ambos, que cada uno juzgue también por sí mismo. Así reivindicaba Miguel Hernández:

Andaluces de Jaén, 
aceituneros altivos, 
decidme en el alma: ¿quién, 
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada, 
ni el dinero, ni el señor, 
sino la tierra callada, 
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura 
y a los planetas unidos, 
los tres dieron la hermosura 
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano, 
dijeron al pie del viento. 
Y el olivo alzó una mano 
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén, 
aceituneros altivos, 
decidme en el alma: ¿quién 
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida, 
no la del explotador 
que se enriqueció en la herida 
generosa del sudor.

No la del terrateniente 
que os sepultó en la pobreza, 
que os pisoteó la frente, 
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán 
consagró al centro del día 
eran principio de un pan 
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna, 
los pies y las manos presos, 
sol a sol y luna a luna, 
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén, 
aceituneros altivos, 
pregunta mi alma: ¿de quién, 
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava 
sobre tus piedras lunares, 
no vayas a ser esclava 
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad 
del aceite y sus aromas, 
indican tu libertad 
la libertad de tus lomas.

Entre esto y "¡fascistas de mierda, franquistas, cabrones!"... yo creo que no hay color.



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