lunes, 14 de marzo de 2016

Para qué sirve un baño público

Este fin de semana me di una vuelta por la Fnac de Callao y recibí un fuerte impacto. Bueno, quizá no fue para tanto y solo me quedé ligeramente impresionada. Es igual, lo cierto es que la culpa no fue ni de los precios ni de las novedades editoriales. La culpa la tuve yo cuando decidí hacer una visita a los lavabos. Hacía mucho que no subía a esta parte del edificio, pero no la recordaba tan deteriorada. Pintadas en las puertas, cerrojos reventados, algún inodoro obstruido… Y estoy hablando de los wc femeninos, que se presupone suelen presentar mejor aspecto porque somos más cuidadosas… Empiezo a sospechar que esto es otra leyenda urbana.

El caso es que pensé que un lugar como la Fnac, un centro comercial de cultura, ocio, electrónica y gadgets ultramodernos, no puede dar esa imagen lamentable. Entiendo que debe ser difícil luchar contra el vandalismo y la gente poco cívica, pero las grandes empresas deberían contar con pagar ese peaje, más que nada por la penosa imagen que proyecta. 


De todos modos todavía no me entra en la cabeza qué extraño impulso conduce a alguien que entra en un váter a hacer pintadas idiotas -algunas obscenas y desafiantes, otras con mensaje ideológico-político y la mayoría totalmente absurdas-. Tampoco entiendo por qué alguien decide por las buenas destrozar unas instalaciones que un establecimiento tiene la deferencia de poner al servicio de sus clientes de manera gratuita. Encima que encuentras un sitio donde ojear libros, escuchar música, descansar en un ambiente climatizado y, si se tercia, aliviar la vejiga sin tener que pasar por caja, ¿agradeces tu buena suerte arrancando un pestillo y pateando una puerta? No lo comprendo, de verdad. 

Supongo que hay gente que disfruta saltándose las normas, que les da oxígeno quebrantar las mínimas pautas de convivencia, gente a la que le falta urbanidad, civismo, educación y neuronas. Y, lo que es peor, gente que no valora en su justa medida el lujo asiático que significa poder contar con aseos públicos gratuitos en el centro de una capital europea. Quien haya viajado un poco entenderá lo que digo. Quizá precisamente la respuesta está en cobrar, que se fastidie todo el mundo, incluidos los vándalos, que a lo mejor se lo piensan dos veces… o no, pero al menos con su aportación pagarán como el resto los posibles desperfectos.

Por cierto, me llamó la atención que a los wc masculinos se accede desde el propio vestíbulo y son individuales. De hecho hay una persona de seguridad a la entrada que es la que va dando paso a los usuarios. Sospecho que esta medida persigue acabar con ciertas prácticas digamos “íntimas”. Me explico, y que conste que de esto me he enterado al googlear “fnac callao wc” para comprobar si alguien más consideraba como yo que comenzaba a ser preocupante el deterioro de estas instalaciones. Pues bien, por lo que he leído por ahí, se ve que durante un tiempo los baños de este centro comercial eran uno de los lugares de visita obligada para los gays con ganas de “hacer amigos” dentro de la ruta del cruising, palabra inglesa que en el argot del ambiente define la actividad de buscar citas sexuales espontáneas en lugares públicos -y yo viviendo en la ignorancia, dedicada a inspeccionar libros y discos, mientras sobre mi cabeza tenía Sodoma y Gomorra-. Con la instalación de cabinas independientes de acceso exterior visible y mayor control, el chollo se les debe haber acabado, al menos aquí, aunque lo que les sobran son paradas en la ruta.

En fin, propongo que extiendan la medida a la zona femenina. Que remodelen el área incorporando aseos independientes con puertas vistas. Al menos así alguna se cortará antes de destrozar lo que no es suyo y las que vayan detrás -sean oriundas o foráneas- no saldrán del lavabo pensando "cómo ha bajado el nivel de la Fnac".

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