martes, 29 de marzo de 2016

Yo descubrí a 'Thelma y Louise' en la Seminci de Valladolid

Vi la película ‘Thelma y Louise’ antes de que se estrenara en los cines de nuestro país. Asistí a su proyección dentro de la 36ª edición de la Seminci, el Festival Internacional de Cine de Valladolid. Corría el año 1991. Acababa de terminar la carrera de Periodismo y tuve la suerte de que me reclutaran para hacer unas prácticas en la sección de Cultura del periódico El Norte de Castilla. Pasé uno de los veranos más divertidos de mi vida y, gracias a que me reengancharon un mes más para cubrir este certamen, también viví uno de los más emocionantes. 

Brad Pitt era un tiernecito principiante al que le cargaron el marrón de representar a la producción de Ridley Scott en aquel festival de provincias, así que se paseaba tímido por el Hotel Olid atendiendo a la prensa. La cinta se llevó la Espiga de Oro compartida con ‘El Liquidador’, de Atom Egoyan, y también el Premio del Público. No era para menos. A pesar de la controversia que provocó por presentar a dos mujeres respondiendo con las armas a la violencia machista, ese año ganó también el Oscar al Mejor Guión Original. Los dos papeles principales eran dos caramelos para cualquier actriz y Geena Davis y Susan Sarandon les sacaron partido. Ellas fueron quienes inventaron el selfie, pero con una Polaroid. 


Con sus interpretaciones de una joven ama de casa con un marido insoportable y una camarera de vuelta de todo, crearon una inolvidable pareja de legendarias forajidas. Recuerdo como si lo hubiera visto hace diez minutos ese final tan inesperado como irremediable.

Aquellos nueve días de octubre que duró el festival en el que vi ‘Thelma y Louise’ conversé con actores y directores, incluido uno de mis favoritos, Gonzalo Suárez, y descubrí a Juan José Campanela, responsable de ‘El niño que gritó puta’, una historia que me impacto sobremanera. Hice entrevistas, escribí críticas y crónicas, me lancé a rellenar columnas… La gocé. Alguna de mis reseñas -la de la película mejicana ‘Danzón’- apareció luego recogida en una de las hojas informativas que los Cines Renoir ponen a disposición del público para documentar las películas que programa. Debo guardar aún ese sorprendente hallazgo. El papel estará amarillento.

Hace 25 años de esto. Me lo ha recordado el periódico El País que hoy juega a comprobar cómo ha tratado el paso de este cuarto de siglo a los actores de la película. ‘Thelma y Lousie’, esta historia profundamente feminista que te deja con un sabor agridulce, a mí me recuerda inevitablemente a Valladolid, a sesiones diarias de tres películas, a ruedas de prensa y entrevistas, a cruzarte con las estrellas invitadas y respirar su glamur, a las prisas por terminar el material antes del cierre, a la caña con los compañeros después del trabajo, a la aventura de vivir sola por primera vez, a la ilusión por ver en el kiosko lo que has escrito. En definitiva, ‘Thelma y Louise’ me devuelve a la chica que comenzaba hace 25 años.

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