viernes, 22 de abril de 2016

Si Cervantes levantara la cabeza

Tal día como hoy, hace 400 años, moría Miguel de Cervantes. Sí, fue hoy. A pesar de que el Día del Libro lo celebramos el 23 de abril conmemorando esta pérdida, en realidad el 23 fue cuando le dieron sepultura. 

Nunca he leído el Quijote, lo confieso, sí he repasado algunos episodios, extractos que nos hacían analizar en el colegio y el instituto cuando todavía dábamos EGB, BUP y COU, pero nunca tuve ni el coraje ni la paciencia para atreverme con un libro de casi 1.500 páginas escrito en un castellano de difícil comprensión para una escolar. Podía haberlo intentado ya crecida, pero es de esas asignaturas pendientes que tiene todo el mundo. Me pasa lo mismo con la Biblia. El volumen me echa para atrás. Algún día, cuando encuentre un momento…


Eso sí, no haber leído la obra culmen del mayor novelista de la historia de este país no significa que no sea capaz de apreciar la notable calidad de su autor y me abochorne asistir a representaciones como la de ayer en el Congreso. Hasta Don Miguel debió removerse en su tumba de las Trinitarias al comprobar lo poco literario del discurso del actor que le emulaba. Una cosa es hacer humor con ingenio, que de eso sabía bien el padre del Quijote, y otra recurrir al guión de un monólogo de Club de la Comedia.

Si Cervantes levantara la cabeza… no sé de qué lado se pondría en otra de las polémicas del día, si estaría a favor del Pablo Iglesias soberbio que critica a la prensa y cita a un profesional de los medios que no le hace de palmero, o de parte de los periodistas que, después de este ataque, no terminan de defender en bloque claramente su independencia y profesionalidad, por si les acusan de corporativismo. ¡Venga ya!

Al margen de si las empresas periodísticas tienen sus propios intereses económicos y de si es la cuenta de resultados la que miran a la hora de plantear su línea editorial, alguien que se despacha de la manera en que lo hizo el diputado Pablo Iglesias, -lo siento- no puede aspirar a llegar ni siquiera a presidente de su comunidad de vecinos. Y lo que verdaderamente más me inquieta es ver a los alumnos de la Complutense riéndole las ocurrencias. Esperaba más pensamiento crítico en el campus. No le voy a negar a cualquiera su derecho a manifestar lo que le venga en gana y opinar sobre el asunto que se le antoje, pero un representante de la clase política no es cualquiera. 

Comprendo la decisión de los colegas periodistas que se sintieron agredidos y se levantaron de sus asientos. Y aplaudiría que se seleccionaran mejor los eventos informativos que hay que cubrir, con la de cosas que pasan…. Ya lo dijo el propio señor Iglesias, un entorno académico no es una rueda de prensa, así que planteémonos si tiene sentido mantener la costumbre de seguir a los fabricantes de titulares hasta cuando van al wc. A veces no hay necesidad. Que tiren de Periscope y tuiteen sus perlas… Aunque también hay que admitir que si no hubiera habido cámaras y periodistas ayer en la Facultad de Filosofía de la Complutense, no habríamos podido contestar con criterio a la pregunta del politólogo Ramón Cotarelo, antiguo profesor del líder podemita y ahora –evidentemente- desencantado con sus exalumnos.


Mi reflexión: la prensa de este país debería unirse y decir NO.

No al plasma.

No a las ruedas de prensa sin preguntas.

No a la quema de mensajeros.

No a trabajar gratis.

No a dejarse manejar por el objeto informativo, ni por la empresa que la alimenta.

Una cosa más para terminar. La sorprendente e infantil reacción del líder de Podemos, todo un serio representante del poder político de este país que aún no ha debido de entender eso de que es imposible gustarle a todo el mundo, lo único que demuestra es que algo debe estar haciendo bien esa parte de la prensa crítica cuando –a juzgar por su tono ácido- tanto le escuece o le pica. 

¿Y por qué demonios he terminado yo hablando de la prensa y de Iglesias cuando lo que quería era hablar de Cervantes? Para remediarlo, termino citando una de sus atinadas frases: “La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde”.

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