martes, 5 de abril de 2016

Un perpetuo dejà vu

Ayer Pablo Iglesias fue otra vez a divertirse a El Hormiguero. Se divertiría él, porque lo que es la audiencia se aburrió soberanamente. Incluso me aventuro a asegurar que el otro Pablo, su tocayo entrevistador, tampoco disfrutó mucho. Yo confieso que cambié de cadena después de comprobar que era más de lo mismo.

Lo malo de este punto muerto político en el que nos encontramos es que los ciudadanos estamos ya hastiados y nos sabemos de memoria los argumentos y las posiciones de cada aspirante. No hay nada nuevo bajo el sol, y empeñarse en exhibir a los cabezas de cartel en los programas de entretenimiento en horas de máxima audiencia es –en mi modesta opinión- contraproducente. Qué más queremos saber de Pablo Iglesias que no haya repetido ya como una letanía. Por más que intente incorporar ahora a su discurso algo de argot enrollado, nada cambiará el hecho de que después de una precampaña, una campaña, una postcampaña, un intento fallido de investidura y un ‘a ver si nos reunimos’, se ha perdido el efecto sorpresa. La propia entrevista de Jordi Évole a Mariano Rajoy en el Salvados del domingo tuvo más enjundia, aunque -claro- era la primera que daba el presidente en funciones a un medio con ‘poca sintonía’ hacia su persona. Ahí si que se podía jugar con la expectación.

Menciono a Pablo Iglesias pero sirve lo mismo para Albert Rivera, Pedro Sánchez o cualquiera de los políticos que ya están cobrando de esta legislatura sin terminar de justificar su sueldo. No sé qué pensará el ciudadano de a pie, pero yo con ver a toda la clase política a la hora del telediario me doy por satisfecha. Por favor, señores que pelean por gobernar este país, no intenten también colonizar los espacios de entretenimiento sin nada nuevo que contar. Y a quienes gestan esos programas, tengan piedad y eviten torturarnos.


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