jueves, 12 de mayo de 2016

Con un par... de tacones

Los tacones, ese diabólico invento. Sí, estilizan, dan altura, elegancia, porte y distinción, te permiten mirar por encima del hombro, alimentan fetichismos… y también generan problemas de espalda, juanetes y hasta fascitis plantar. Confieso que aún no he aprendido a andar con tacón de aguja, prefiero el tacón ancho y la plataforma. Creo que los Louboutin están sobrevalorados, pero soy capaz de admirar la belleza de unos Manolos -salvo cuando Blahnik se asocia con Rihanna y sale un engendro de línea de calzado vaquero-. Considero que cada mujer debería ser libre de decidir si quiere o no subirse a unos tacones, en función de sus necesidades, estado de ánimo y circunstancias, no verse obligada a llevarlos porque los convencionalismos sociales o las normas de vestimenta de la empresa donde trabaja lo indiquen.


A Nicola Thorp la mandaron para casa su primer día de trabajo porque se presentó con zapato plano. No era un local de striptease, ni una firma de alta costura. Nicola iba a trabajar como recepcionista en las oficinas en Londres de PwC -sí, la famosa firma que no atinó a nombrar Iglesias en aquel debate televisivo a cuatro que no sirvió para nada-. Le dijeron que ese calzado no era el adecuado, debía cambiarlo por unos zapatos de tacón de entre 5 y 10 centímetros de altura. A la joven le extrañó y protestó, no entendía cual era la diferencia. Si sus compañeros hombres podían trabajar con zapato plano, por qué ella no. De poco sirvieron sus quejas. La mandaron para casa y le dijeron que no cobraría esa jornada. Y eso después de reírse en su cara cuando se le ocurrió comentar que trabajar 9 horas de pie con zapatos de tacón era difícilmente soportable.
  

Pensaréis que la chica volvió a su hogar, se calzó los tacones y regresó a su puesto de trabajo. Pues no, lo que hizo fue lanzar una petición al Parlamento británico para que sea ilegal que una empresa pueda obligar a llevar tacones altos a sus empleadas. En un rato consiguió más de 30.000 apoyos. Si supera los 100.000 podría haber debate parlamentario al respecto. Varias diputadas están por la labor de mover el tema alegando que es una simple cuestión de defender igualdad en el trabajo. PwC dice que ellos no imponen ese atuendo, que es cosa de la Empresa de Trabajo Temporal que les manda a las recepcionistas, pero es evidente que en este terreno laboral las mujeres van sobre tacones. Por su parte la ETT dice que revisará sus normas. Por si queréis hacer un seguimiento del caso, aquí os dejo el Twitter de la ínclita.

No creo que una recepcionista calzada con zapato plano vaya a realizar peor sus funciones. Se requerirá de ella que sea educada, vista ropa limpia y formal, y sobre todo que atienda convenientemente a los clientes, algo que se puede hacer también sin estar encaramada a unos tacones. Entiendo que ciertas empresas quieran cuidar al máximo la imagen que proyectan sus trabajadores, porque es la suya, y que cuando das libertad o no estableces reglas escritas, hay quien se ‘despista’. En alguno de mis trabajos he coincidido con compañeras que a las 9 de la mañana aparecían en la oficina vestidas como si fueran a servir cócteles en la barra de una discoteca de Puerto Banús. A valorar su trabajo no me detengo. Eso sí, animaban la vista de algunos. Quizá con eso fuera suficiente.

En fin, os aseguro que la profesionalidad de una trabajadora no se mide por el tamaño de sus tacones… Ni tampoco por el relleno del sujetador.

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