domingo, 29 de mayo de 2016

Visita relámpago a la Feria del Libro

Esta mañana hemos cumplido con la tradición de visitar la Feria del Libro de Madrid en el Retiro. Se podría decir que ha sido una visita relámpago. Nos hemos levantado tarde así que cuando hemos querido encontrar aparcamiento en los aledaños, ya era pasada la una. El primer domingo de Feria es una locura pretender pasear tranquilamente de caseta en caseta y revisar mostradores. Hay que ir sorteando a las televisiones que cubren el primer fin de semana del evento, los dos tipos tradicionales de colas, de fans impacientes que esperan que les firme su escritor favorito y de gente a la puerta de los aseos (casi siempre los femeninos), sin olvidar a los viandantes curiosos que se paran porque alguien se pone a tocar el violín, aunque el cielo amenace chaparrón. Digamos que no era ni el día ni la hora, pero hemos terminado allí porque mi hija nos ha rogado encarecidamente que la lleváramos a ver de cerca a Aless Gibaja, un tipo amanerado, flower power e infantil que se ha hecho famoso por subir videos a Youtube dando ‘superconsejitos’ como si fuera el primo provinciano y pobre de Paris Hilton. 


Es una más de las estrellas que se llevan ahora, veinteañeros que encandilan al público juvenil y adolescente a través de internet con guiños que a una adulta como yo le parecen chorradas y un lenguaje demasiado simple para mi gusto. Explotando el poderoso influjo de la imagen alcanzan tal popularidad que terminan siendo buscados y pagados por las marcas para aprovechar su tirón. En algunos casos dan el salto de la pantalla a otros ámbitos, por ejemplo, la literatura -¡qué Cervantes me perdone por utilizar en este caso esa palabra en vano!-. Imagino que las editoriales quieren vender y sospechan que todo el público que sigue al tipo en cuestión también querrá comprar su libro. El de Gibaja se llama "Manual para ser feliz around the world"

El caso es que como somos unos blandos y también porque yo nunca digo que no a acercarme a Madrid desde el extrarradio, ahí hemos terminado, frente a la caseta donde este personaje saludaba y se hacía fotos con los curiosos que se paraban. Firmar no le he visto, pero poner morritos y mostrar los dedos índice y corazón en forma de uve, sí. 

Hecha la foto para el dichoso Snaptchat (aquí os la muestro) y discutido con mi hija sobre si se iba a acercar a saludar al fulano para que al menos la gymkhana por la Feria hubiera merecido la pena, nos hemos ido de vuelta al coche, no sin antes curiosear de pasada el resto de casetas para ver qué otros famosos tenían turno de firma hoy. Hemos reconocido a Fernando Arrabal, Mario Gas, Juan José Millás, Julia Navarro… y pensar que todos comparten espacio con el tal Gibaja en el mismo saco, el de firmantes de libros. 

Mi marido dice que la Feria del Libro ya no tiene sentido; en un mundo globalizado como este en el que las comunicaciones ya no encuentran obstáculos, qué sentido tiene reunir a los libreros en un parque para vender y presentar libros en una hilera de casetas. Ese es su argumento. Como es natural en una pareja como la nuestra, le he llevado la contraria. ¡Claro que tiene sentido! La Feria permite a los lectores acercarse a los autores y a éstos conocer a sus lectores; los libreros tienen la oportunidad de exponerse fuera de su barrio y sacar sus tesoros a la calle; Madrid consigue en estas semanas sumar la belleza de los libros a la del Retiro; y yo encuentro una excusa más para visitar la capital. Ya solo por eso, la Feria del Libro tiene sentido.



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