miércoles, 18 de mayo de 2016

Yo no quiero un trabajo fijo y seguro

No sé por qué tanto revuelo por las declaraciones del presidente de la patronal, Juan Rosell, comentando que el trabajo "fijo y seguro" es un "concepto del siglo XIX". Y tanto que lo es. Doy fe. Los puestos fijos que existen en la actualidad tienen un carácter residual, vienen del pasado. Hoy ya no se firman los contratos que se firmaban, ni se ofrecen las condiciones que se ofrecían. Yo iría más allá que el capo de la CEOE y sentenciaría que en sí el trabajo, tal y como lo conocíamos, es un concepto añejo y caduco. 

Imagen de Juan Rosell extraída de la web de la CEOE

En mi estrategia de buscar un nuevo empleo, rastreo los portales de internet que publican ofertas laborales y, en el terreno de la comunicación, sigo encontrando solo puestos para becarios o estudiantes recién graduados, dispuestos a hacer de hombre orquesta cobrando una miseria. Parece como si se fuera difuminando la línea que separa trabajo de esclavitud y los empleadores no tuvieran pudor en confesar sus pretensiones.

Hablo con amigos y compañeros, que afortunadamente cobran una discreta nómina a final de mes, y les noto aferrados a la silla por si acaso vienen tiempos duros y se les acaba el chollo. En el fondo piensan que su trabajo es anodino y su figura prescindible, pero su antigüedad en la empresa es el respirador artificial que les mantiene con vida. Cuesta más echarles que mantenerles como vestigios de tiempos mejores. 

Hay otros que hace años renunciaron a encontrar el sueldo Nescafé y malviven como autónomos, que es la figura que busca ahora el empresario, alguien externo que te saque el trabajo adelante, facture y no haya que cubrirle las bajas ni premiarle con ninguna antigüedad, simplemente te limitas a pagarle. Por lo general estos siempre te desaconsejarán emularles, demasiado duro.

Y luego están los afortunados, los brillantes que han triunfado laboralmente, los que enlazan empleos, se los disputan la empresas, compaginan proyectos, ingresan más de lo que su tiempo libre les permite gastar. Para ellos no es trabajo, es su vida. Y no hay nada más. O no ves nada más. Te gustaría saber si se sienten satisfechos en medio de esa vorágine, pero no les queda tiempo, ni espacio en la memoria, para saciar tu curiosidad.

Yo no quiero un trabajo como los del XIX o el XX. Simplemente quiero encontrar la manera de seguir ganándome la vida con mis capacidades durante lo que me quede de este siglo XXI -a no ser que me toque una Primitiva, claro-. Me da igual que el proyecto no sea fijo, ni seguro. Solo pido que sea digno. Y si puede ser -ya sé que es mucho pedir- que me haga feliz.



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