Blog personal de Ángela Beato. Escribo lo que siento. Digo lo que pienso. Procura no tomarme demasiado en serio.

jueves, 2 de junio de 2016

"26J. Quiero Gobernar" o cómo mezclar política, niños y televisión

No me gusta que los adultos involucremos a los niños en la política. Cuando veo algún niño agitando una bandera en un mitin, jaleando consignas en actos electorales o en brazos de algún candidato besucón, me sale sarpullido. Me incomoda ver a menores utilizar expresiones de mayores, sobre todo porque no tienen conciencia de lo que hablan y se limitan a actuar como loros, repitiendo lo que escuchan en casa. Cuando mis hijos vienen comentando algo de Rajoy o "del coleta", como se le llama a Iglesias en el entorno escolar -ya no mencionan tanto a Zapatero-, por sistema les respondo que la política es cosa de mayores, no de niños. Sí, ya sé que ellos también están en este mundo y son conscientes de muchas de las cosas que pasan, pero no tienen la edad para procesar la información; tragan, no digieren, y la labor de túrmix la ejercen las personas que tienen alguna influencia sobre ellos, por lo general los padres.

Así que entenderéis que vea con recelo el programa "26J Quiero Gobernar", capitaneado por Ana Rosa Quintana, en el que un grupo de niños interroga a los candidatos a presidente del Gobierno de modo desenfadado. Como el "Menuda Noche" de Juan y Medio en Canal Sur, pero con invitado político. Ya han pasado por la chiquillería Pablo Iglesias y Albert Rivera. Ahora solo quedan por demostrar qué bien se llevan con los niños Sánchez y Rajoy. 

Me llega al alma el furor de los candidatos por apuntarse a cualquiera de los nuevos formatos televisivos nacidos para sorprender al votante, hastiado de ver lo mismo durante tanto tiempo. Y me inquieta el personaje ese de Pablito, el niño resabiado de 7 años que sale en el programa caracterizado como un calco del invitado, un mini-yo que hace preguntas sesudas y suelta expresiones que no se corresponden con su cuerpo menudo, mientras aprieta las manos del entrevistado, al que –por cierto- se le ve entregado a esa sobredosis de ternura. 

Utilizar a los niños como espectáculo para ganar audiencia es una estrategia vieja y efectiva. Ya he mencionado el programa de Canal Sur, con 12 años en antena que avalan lo acertado del formato. Pero mucho antes, en los 80 hubo un exitoso concurso de televisión que se llamaba "Juego de niños" -¿recordáis los gallifantes?- en el que los pequeños se encargaban de dar las pistas para adivinar las respuestas y fue un pelotazo. En algunos programas de radio en los que he trabajado, cuando llegaban fechas tan señaladas como el Día de Reyes o la vuelta al cole, siempre recurríamos a los niños, así nos asegurábamos algún momento tierno y divertido. 

Porque lo que seguro consigues cuando echas mano de los niños, como en el caso de este formato, es desatar las risas, las de la presentadora, los invitados y el público, por la inocencia y candidez de sus protagonistas. Si ese es el objetivo, hacer reír, propongo que alguna productora se arriesgue a poner en marcha un formato similar, pero cambiar a los menores por periodistas dispuestos a disparar menos cuestiones sesudas y más preguntas ingeniosas y divertidas. Y que conste que no tengo claro si quiero conocer a los candidatos en ese registro de mono de feria, que aún no he superado el paso de algunos por El Hormiguero. 

En fin, que lo peor de todo esto de poner a niños a entrevistar a políticos en precampaña para sacarlos en la tele en horario de máxima audiencia, es que ni los niños son conscientes de lo que el aspirante a presidente puede hacer por ellos y –me atrevería a asegurar- tampoco figura la palabra infancia en las 20 primeras líneas del programa electoral del candidato en potencia.

Hitchcock decía "Nunca trabajes con niños, con animales o con Charles Laughton". En vista del poco caso que se le hace al rey del suspense, ¿qué tal un formato nuevo en el que veamos cómo se manejan los candidatos con la fauna? Por ejemplo, como pastores de ovejas, adiestradores de perros, entrenadores de delfines, o directamente en un zoo. Seguro que pasarían por el aro. ¡Ah! Regalo la idea sin copyright.

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