miércoles, 8 de junio de 2016

Es la educación, estúpidos

Los niños de Cantabria estrenan nuevo calendario escolar el curso que viene. Cada dos meses de clases disfrutarán de una semana de descanso… ellos y los profesores, que son quienes han propuesto la medida. Lo que ya no estoy tan segura es que los padres consideren esta novedad un disfrute. Me temo que no se les ha tenido en cuenta a la hora de tomar esta decisión. Por eso los que mandan en el ámbito educativo se han curado en salud y han aceptado mantener los centros abiertos en los periodos no lectivos ofreciendo actividades lúdicas, por si hay padres cuyas empresas no les permiten cogerse una semana de vacaciones cada dos meses, que me da que son bastantes.


Dicen los que saben que esta planificación es más pedagógica y racional, podríamos incluso calificarla de muy francesa o muy europea. Si es así, si Cantabria ha dado con la piedra filosofal, por qué no extender la fórmula al resto. Pero no, aquí cada región hace de su capa un sayo, cuando en una materia tan sensible como la formación de las futuras generaciones de este país -que son los ciudadanos que tirarán del carro en los años venideros y a quienes confiaremos nuestro desarrollo y crecimiento económico- debería trabajarse todos a una, manteniendo altos estándares de calidad y una misma línea en todo el territorio nacional.

Los vaivenes constantes en la legislación y los planes de estudios, en función del color del partido que gobierna, no han ayudado mucho. Luego nos echamos las manos a la cabeza con los resultados de los informes Pisa. Inyectarle carga ideológica a la formación de nuestros alumnos es una obsesión de los que mandan. Moldear niños para convertirlos en futuros adultos de su cuerda. Durante años se ha perdido tanto tiempo en discutir sobre porcentajes de contenido propio de cada comunidad autónoma, sobre la introducción de nuevas asignaturas -para unos fundamentales y para otros, puro ejercicio de adoctrinamiento-, o sobre la conveniencia de subir las horas de inglés y bajar las de música o arte, que hemos perdido de vista lo importante, de modo que ahora nos encontramos con jóvenes incapaces de resolver un problema matemático, de expresarse por escrito en su lengua materna sin faltas de ortografía y a los que la palabra Transición les suena a la metamorfosis de la rana. Y esto sin detenerme en el gasto desorbitado y prescindible de cambiar cada poco de planes de estudios y, por extensión, de sus correspondientes libros de texto.

Dos y dos son cuatro. Vaca con uve es el animal y baca con be es el portamaletas del coche. Los ríos de España son los que son, las montañas están donde están. Por qué no empezamos por dar prioridad a enseñar a los niños los conceptos básicos, lo que no puede ser interpretado, lo que se conoce por cultura general, esa que te vale para ganar el rosco de Pasabalabra. Y luego animémosles a descubrir, a tener curiosidad, a sacar sus propias conclusiones, a investigar por sí mismos, a desarrollar todo su potencial, guiémosles sin decirles lo que tienen que pensar. Y valoremos igualmente qué sistema y qué calendario asegura mayor calidad y beneficios para todos, alumnos, profesores y familias. No parece tan difícil, aunque debe serlo, a tenor de los años que llevamos dando tumbos. Ahora que volvemos a la pelea por los votos, espero que los candidatos no lo olviden: Es la educación, estúpidos.

Firmado: una hija de la EGB, madre de dos alumnos que ya han pasado por la LOE y la LOMCE.

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