viernes, 10 de junio de 2016

Lengua madre solo hay una... y al inglés lo encontré en la calle

Hoy quiero hablar de una campaña y no es precisamente la electoral. La Real Academia Española de la Lengua se ha cansado de que los anglicismos hayan invadido de manera tan salvaje el castellano, principalmente a través de la publicidad. Por eso, hace algunas semanas organizó unas jornadas de debate sobre el tema y lanzó, en colaboración con la Academia de Publicidad, una campaña con el lema ‘Lengua madre solo hay una’, para denunciar esta triste realidad, una tendencia que se ha disparado en los últimos años, según ha demostrado la investigación realizada por ambas instituciones junto con la Universidad Complutense de Madrid. Analizaron más de 150.000 anuncios en prensa y más de 80.000 en televisión y llegaron a la conclusión de que 322 marcas en España usan cotidianamente anglicismos como estrategia de mercado. Parece ser que el inglés da más prestigio que el español a la hora de vender un producto.


Es cierto que el mundo del comercio y las ventas convive a diario con una terminología importada -cosas de la globalización- y lo raro es encontrar en el día a día palabras específicas en nuestro idioma. Y también es verdad que, por aquello de que suena mejor, muchas veces solemos echar mano de anglicismos pensando que eso nos hace más cosmopolitas y deseando que parezca que dominamos el inglés, aunque no seamos hijos del bilingüismo. Nos pasa también con otras palabras, no necesariamente inglesas, que adoptamos como propias aunque nos son ajenas y convertimos en términos de moda, como el italiano ‘sorpasso’ (adelantamiento), tan repetido últimamente.

Pero lo que no se puede negar es que, por mucho que nos lo propongamos y queramos hacer piña con la RAE en eso de proteger nuestro patrimonio más preciado, mientras no cambien las cosas a nuestro alrededor, en la vida cotidiana, en los negocios y los medios, se me antoja complicado poder ayudar a la Academia en este empeño, sobre todo porque se puede dar la paradoja de que si apostamos por el castellano, no nos entienda ni el tato. 

Yo me proclamo defensora del español, pero ya me diréis cómo me refiero, por ejemplo, al programa que estrenaba la cadena Cuatro hace algunas semana con el título ‘First Dates’ (Primeras citas); o a los nuevos canales que surgieron en el último reparto y ampliación de la TDT, bautizados con los nombres Ten (Diez), BeMadTV (Sé loco TV) y DKiss (D Beso). Y -¡ojo!- ya teníamos un Divinity (Divinidad) y un Energy (Energía). Y esto es solo una muestra. Sobraría que mencionara que podemos tomar en el desayuno cereales Fitness (Aptitud); para quitar las manchas de la ropa venden Vanish Oxi Action (Acción oxígeno para desaparecer); en el lavavajillas puedes usar Finish Powerball (El definitivo poder de la bola); una depiladora se anuncia como Sensitive Precisión (Precisión sensible); en el kiosko se vende una revista se llama Bike World (Mundo bici); en la mayoría de webs, incluida la de las propia Moncloa, figura una invitación a suscribirse a la Newsletter (Hoja de noticias); usamos Smartphones (teléfonos inteligentes); mis hijos juegan al Party&Co (Fiesta y compañía); cada vez hay más runners (corredores) enamorados del running (correr); y más puñeteros que se divierten haciendo spoilers (destripando) de series de culto; hay quien se declara fan de la saga Star Wars (La guerra de las galaxias); nos mandamos emails (correos electrónicos); chateamos por Whatsapp (nos comunicamos mediante medios digitales); y aquí me tenéis, escribiendo este blog (bitácora). 

Ahora, decidme: Si hubiera utilizado las palabras entre paréntesis para hablar de cualquiera de estas cosas, ¿me habríais entendido? Probablemente... porque sois muy listos ;-)


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