miércoles, 22 de junio de 2016

Munición electoral para captar indecisos

Yo debo ser extraterrestre, pero del escándalo de las escuchas al ministro Jorge Fernández Díaz lo que más me inquieta es que se puedan espiar y grabar conversaciones privadas de un cargo público, en su propio despacho oficial, filtrarlas a un medio de comunicación dos años después de ser captadas y elegir un momento tan interesante e interesado como este -una campaña electoral- para echarlas a volar. Ojo, no es que permanezca impasible ante la posibilidad de que todo un ministro del Interior se haya reunido con el jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña con la intención de trazar un plan cuya finalidad fuera buscar trapillos sucios de Esquerra y Convergencia en pleno proceso de la consulta soberanista y utilizarlos para desacreditar a los independentistas. Se supone que una autoridad como él tiene cosas más importantes que hacer relacionadas con la seguridad del Estado que conspirar desde una posición privilegiada. 

Solo hay otra duda que me corroe: por qué ahora y no en la semana anterior al 20 de diciembre, coincidiendo con la primera intentona electoral. De todos modos, no creo que esto llegue a la altura de un Watergate, ni que Rajoy vaya a emular a Nixon, por más que algunos lo estén deseando. Como mucho sirve como termómetro para calibrar lo reñida que se está poniendo la campaña y el juego sucio que genera esa situación de incertidumbre sobre la posible futura gobernabilidad.

Otro ejemplo, aunque a menor escala, de esta misma histeria lo tenemos en lo de llamar a Sánchez racista porque se limpió la mano después de saludar a unas viandantes negras durante uno de sus paseos 'pescavotos'. Yo nada más verlo pensé que la niña a la que apretó la mano debía tenerla pringosa, como la mayoría de los niños, de ahí el gesto. Y si se observan con detenimiento las imágenes, se nota el propio gesto de la niña mirándose su mano con los dedos extendidos. El vídeo en cuestión fue difundido a través de la redes sociales para vapulear, de izquierda a derecha, al candidato socialista que, como a perro flaco, todo le son pulgas. 

Un tercer elemento informativo utilizado también como artillería en esta guerra por los votos es la caldereta de langosta que se metieron entre pecho y espalda los de Podemos en Mallorca después de un mitin y que les costó 160 euros por barba. Ese exceso me haría un roto en mi prestación por desempleo, por eso me abstengo de frecuentar locales con esos precios, por mucho que considere la langosta como un manjar, ideal para recuperar fuerzas tras darle a la soflama. Naturalmente un dato tan sabroso se extendió como la pólvora para atacar a los miembros de un partido al que se asocia más con una dieta obrera del tipo 'birras y bravas'.

Todo esto es lo que yo considero munición electoral, más o menos pesada, pero munición electoral, porque son este tipo de noticias que saltan a primera plana y se comentan en la barra del bar las que quedan grabadas en el subconsciente colectivo y terminan decidiendo al indeciso, mucho más que las oscilaciones de las encuestas, esas cuya difusión prohíbe terminantemente la ley electoral desde cinco días antes de las votaciones, una prohibición viejuna y sin sentido. Digo yo que en qué influirá conocer los datos de intención de voto. Si llega un momento que de tanto porcentaje, punto y escaño arriba y abajo ya no sabes por dónde te viene el sorpasso. ¿Creen de verdad que va a ser menos peligroso pasarnos esos cinco días viendo a los candidatos hasta en la sopa y escuchando a los tertulianos elucubrar en medio de esta guerra sucia? El caso es que hecha la ley, hecha la trampa. Hay quienes se resisten a no manejar horquillas y en tiempo de prohibiciones se teletransportan al Principado de Andorra para saber cómo anda allí fruta, que curiosamente tiene colores -y precios- muy similares a los que se podrían manejar en un sondeo electoral del 26-J: azul, morado, rojo y naranja. Así que queramos o no tenemos encuestas en forma de repaso a los precios que maneja el mercado de la fruta.


En fin, que cualquiera de los episodios mencionados, además de calentar el tramo final de campaña, lo que generan en realidad es ruido, interferencias que desvían el foco de cuestiones mucho más trascendentales a la hora de valorar qué formación es la más adecuada para tomar las riendas del país. Yo estoy tratando de abstraerme de todo esto y afinar en mi elección, por eso he recurrido a una herramienta que ofrece el diario ABC en su edición digital y que promete ayudar a los indecisos a saber con qué partido tienen más afinidad. Y una vez completado el test, este es el 'científico' resultado.


Nunca unos votos estuvieron tan disputados. Lo que decía al principio, yo debo ser profundamente extraterrestre.

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