miércoles, 3 de agosto de 2016

A la tercera va la perdida o cómo unas nuevas elecciones pueden acabar con la paciencia del populacho y la credibilidad de toda la clase política

Me extraña que la gente no se haya tirado a la calle; me sorprende que no hiervan las redes sociales -por mucho menos en Twitter le montan una crisis reputacional a cualquier empresa del IBEX-; me escama que no haya surgido ningún reto, como el del cubo de agua helada, o una petición con recogida de firmas en Change.org para que termine de una vez esta situación desesperante y empiece alguien a gobernar ya este país.

AVISO: Si hay terceras elecciones, que no cuenten conmigo. Yo ya he cumplido. En las dos anteriores ocasiones ejercí mi derecho -y deber- de acudir a las urnas. Ya he expresado mi parecer. Ya les he hecho saber mi voluntad. Me he tomado la molestia de desplazarme dos veces a mi colegio electoral, esperar dos colas ante la mesa que me corresponde y meditar muy mucho cuál debía ser mi voto, con los consiguientes quebraderos de cabeza que conlleva tan difícil decisión. Así que ahora deberían ser ellos quienes movieran ficha. Pero no. De nuevo el fantasma de otras elecciones se cierne sobre nosotros, pobres infelices, sin que nadie quiera ceder. Creo que ya está bien. Qué aburrimiento. Las tertulias políticas se han convertido en un divagar sobre lo mismo sin que haya una sola novedad ni avance, y eso no hay EGM que lo resista.

Deberían formar gobierno de una vez por todas. Quien sea. O que Rajoy, por ser el más votado y haber recibido el encargo real, recabe los apoyos que pueda de los partidos más en su órbita, o que Sánchez el enrocado valore ya una alternativa de izquierdas. Pero que no alarguen más este mareo estival y, sobre todo, que dejen de derrochar el PIB en procesos electorales y en todos los gastos que lleva aparejados la disolución de las Cámaras, con sus indemnizaciones de transición y un nuevo reparto del kit tecnológico a sus futuras señorías. De verdad, ¿nadie va a ser capaz de encontrar una vía que desatasque una situación que conduce a España directamente al top de la lista de países que más tiempo han pasado con gobiernos en funciones? 

Supongamos durante un momento que al final nos obligan a volver a votar -lagarto, lagarto-. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si todos los españoles a los que por sorteo les toca ser miembros de una mesa electoral deciden no presentarse y desobedecer? Teniendo como ejemplo el de los propios inquilinos de las Cortes que no terminan de atender a su obligación, poco se les podría reprochar a los insumisos. Pues bien, dice la ley que ‘los cargos de Presidente y Vocal de las Mesas electorales son obligatorios’ y que ‘El Presidente, Vocales y Suplentes que no acudan a desempeñar sus funciones incurrirán en pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis a veinticuatro meses’. ¿Me quieren decir que nuestros ilustres políticos electos pueden tirarse un año mareando la perdiz, defendiendo como si les fuera la vida en ello posturas irreconciliables sin que les pase nada, y el ciudadano al que se le hinchen las pelotas por esa situación y decida protestar negándose a aceptar su designación como miembro de una mesa en una tercera vuelta, puede terminar con antecedentes penales? ¡Venga!

Si tuvieran algo de dignidad los candidatos que están siendo incapaces de ponerse de acuerdo, que se han demostrado inútiles como negociadores, deberían dejar que lo intente el siguiente, a ver si tiene más talento, talante o suerte. Pero de eso nada, los que amagan con conducirnos a un nuevo proceso electoral son los mismos líderes fracasados que piensan que a la tercera va la vencida, cuando en realidad ya han perdido. Cada vez que nos hacen repetir elecciones nos están enviando el mensaje de que somos los electores los culpables del bloqueo y lo que no entienden es que lo que dicen las papeletas es lo que este país reclama: cambios y consenso.

Quienes saben de esto auguran que unas terceras elecciones darían la mayoría absoluta al PP. No estoy muy segura. Tengo la sensación de que ganaría la abstención y la que saldría perdiendo es la democracia, sin mencionar las arcas del Estado, que estamos esquilmando sin pudor. Y lo peor es que los ciudadanos que sí estuvieran dispuestos a pasar por el aro y decidieran repetir por tercera vez, muy disciplinados, lo de meter el sobre en la urna, seguro que volverían a votar lo mismo y nos encontraríamos como Bill Murray en la comedia de Harold Ramis ‘Atrapado en el tiempo’, padeciendo un eterno día de la marmota. Eso sí, esta película podría encerrar la solución o al menos ser inspiradora. Por si Sánchez, Rajoy, Iglesias y Rivera no la han visto, cuando el protagonista -el meteorólogo Phil-, cree que está condenado a repetir cada 24 horas el mismo día, decide adelantarse a los acontecimientos que ya conoce beneficiándose de esa circunstancia y provocando cambios en la historia. 

¿Que si al final escapa de ese bucle temporal y se queda con la chica? No pienso hacer spoiler.


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