lunes, 8 de agosto de 2016

Qué hacer en Toro además de visitar 'Aqva'

Hace unos días un amigo me anunciaba que se iba a acercar hasta mi pueblo -Toro- a visitar la exposición de Las Edades del Hombre y me pedía consejo sobre dónde comer ‘bueno, bonito y barato’. Le sugerí varios establecimientos de menú y alguno de pinchos, para que eligiera lo que más le apeteciera, y mientras confeccionaba la lista pensé que quizá esta información podría interesarle a alguien más con las mismas intenciones, así que hoy voy a dedicar este post a proponer una especie de itinerario para aquellos que tengan previsto acudir a este acontecimiento cultural.


‘Aqva’, la nueva edición de Las Edades del Hombre, la exposición anual que da a conocer el arte sacro de Castilla y León, ocupa principalmente la Colegiata de Santa María la Mayor y la iglesia del Santo Sepulcro. Los detalles de su programación los podéis encontrar en esta página web. Ambos lugares se encuentran en el centro de la localidad. La entrada a Toro, si se viene desde Zamora, Valladolid o Madrid, se realiza a través de la autovía del Noroeste. La salida al pueblo conduce a la carretera de Medina de Rioseco. Al entrar por esa vía, a mano izquierda, dejamos el Polideportivo Municipal, donde está la piscina de verano, que si vais con tiempo y aprieta el calor, podéis visitar para daros un chapuzón y refrescaros por un módico precio antes o después de la visita cultural. Agua gélida, aviso.

Más adelante encontráis una rotonda con banderas. En este entorno hay varios bares, el Reyes Católicos, el Taurus o La Sepia, que pueden ser una buena opción en caso de querer hacer una primera o última parada técnica. Para continuar hacia vuestro objetivo debéis atravesar el arco de Corredera y avanzar. Hacia la mitad de esta calle, en la acera de la derecha, está la Bodega Velasco, donde se puede comprar vino, degustarlo acompañado de un plato de embutido o queso y ver una auténtica bodega de la zona.

Si reanudáis el itinerario llegaréis a la plaza de Santa Marina donde os toparéis con el arco del reloj, sobre el que se asienta una torre que, según dice la leyenda, se terminó de construir utilizando vino en lugar de agua en la argamasa que fija las piedras. Si hay ganas de un café, podéis tomarlo en Don Carlos, en esa misma plaza, con terraza en los jardines centrales y wifi abierta. No sé si a estas alturas habrán decidido ponerle clave y acceso restringido para sus clientes, porque no veáis cómo se ponían los aledaños de jóvenes con el móvil dándole gratis a Internet.

Pasáis bajo el arco del reloj por la Puerta del Mercado y en la calle Odreros, a mano derecha, está El Pirata, una pizzería/hamburguesería de comida rápida, rica y barata –pizzas de masa fina para chuparse los dedos-. Más adelante accedéis a la plaza, donde abundan las tiendas y bares. Si lo que os apetece es tomar algún pincho, bajo los soportales hay bares para elegir, aunque yo recomiendo entrar en El Imperial y pedir una calandraca, un pincho hipercalórico pero sabrosísimo que entra muy bien con un vino tinto de Toro. Si preferís alguna ración de picoteo -champiñones, huevos rotos o lagarto ibérico-, del otro lado de la plaza, a la derecha del Ayuntamiento, bajo el Casino, está LaTinta, un establecimiento relativamente nuevo y montado con mucho gusto. Si sois más partidarios de menú, hay varias opciones por esta zona: el Carpe Diem, el Castilla, el Catayo o el Colegiata -¡Anda! Todos con C-. Valorad precio, platos y variedad, y elegid vosotros mismos. Yo soy más de picoteo.

Todo esto deberíais hacerlo después de la visita a ‘Aqva’, porque si no, a estas alturas, lo que os pediría el cuerpo es dormir una siesta, no patearos una exposición. Si queréis alojarnos y hacer noche en Toro, el Hotel Juan II, el más antiguo del municipio, con piscina y tanto encanto como necesidad de actualización, se encuentra pasada la Colegiata, en el Espolón, otro lugar en el que es obligado detenerse para disfrutar de las vistas del río Duero y la vega. Desde allí a mano izquierda sale una paseo que llega hasta el Alcázar, conocido popularmente como 'la cárcel'. Con motivo de Las Edades del Hombre se ha convertido en Centro de Recepción de visitantes y se puede acceder y subir a su terraza para contemplar unas preciosas vistas.


Ya que estáis en ese punto, si seguís hacia la izquierda encontraréis el Paseo del Carmen, otro lugar para descansar a la sombra de algún árbol y contemplar las vistas. Desde allí, por la calle Puerta Nueva podéis volver hacia el centro. De camino pasaréis por otro hotel, el María de Molina. Girando a la derecha, tomáis la calle Rejadorada, donde hay otro posible lugar para hospedarse: la Posada de Rejadorada. Un poco más adelante, girando a mano izquierda llegamos al parque de San Francisco, donde está la plaza de toros, uno de los cosos más antiguos –y más incómodos para el espectador, todo sea dicho- del país. Si tenéis suerte y está abierta, pasad a verla.

Si la visita y el tiempo que le vais a dedicar a Toro lo permite, os animo a recorrer algunas de las iglesias del pueblo, como la de San Lorenzo o San Salvador; el Monasterio de Sancti Spíritus –donde también hay hospedería y venta de dulces propios-, la puerta del Palacio de las Leyes, la ermita de la virgen del Canto, el puente de piedra sobre el río o la pradera del Cristo. Seguro que en la Oficina de Turismo, situada también en la plaza, os pueden facilitar muchas más sugerencias y datos prácticos.

En caso de que hayáis planeado hacer noche en Toro y os apetezca tomar una copa, puede ser una opción la terraza del Hotel Juan II o alguna otra de los bares de los soportales, aunque los locales nocturnos se concentran en la zona de la calle Trasalfóndiga, detrás de la Oficina de Turismo. Hace mucho que no salgo de noche en mi pueblo, así que no me arriesgo a recomendar ninguno por si ya no existen los que yo frecuentaba. Veo, eso sí, que el Tras Tres sigue abierto, pero o la edad de la clientela a bajado o la mía ha subido... o ambas cosas.

Antes de iros, os sugiero que llenéis el equipaje con un buen surtido de productos de la tierra: El vino -por supuesto- que podréis comprar en la misma Bodega de Velasco que mencionaba antes o en cualquiera de los múltiples lugares dedicados a su venta en todo el itinerario que he mencionado; los embutidos os esperan en la Baltrasa (C/ El Cantar del Arriero) y la Maltrasa (Corredera), dos tiendas donde también se puede comprar queso y conservas de la zona; y los dulces, merece la pena acercarse al Horno de San Julián, hasta donde se llega partiendo de la plaza de Santa Marina y tirando por la calle El Sol. Si no os apetece desviaros más, en la plaza hay varias pastelerías y tiendas donde avituallarse igualmente con pastas riquísimas.

Me he dejado fuera un montón de rincones, lugares, tiendas, bares… pero es que no cabe todo en un simple post. Espero que alguna de mis recomendaciones os sean de utilidad y que disfrutéis de mi pueblo.


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