viernes, 23 de septiembre de 2016

Entre el eufemismo y lo políticamente correcto

Coincidiendo con el Día Internacional contra la explotación sexual y la trata de niños, el Ayuntamiento de Madrid ha presentado una guía de recursos para que los periodistas sepamos abordar correctamente la prostitución y la trata de seres humanos. En este manual figura un apartado dedicado a los términos más adecuados que deberían emplearse al informar sobre esta cuestión. Por ejemplo, sugieren decir "mujer en situación de prostitución" en vez de prostituta. Y al referirse a quienes buscan sexo de pago, hablar de “puteros”, no de “clientes”. 


Me parece muy loable que una administración pública se tome la molestia de elaborar un texto con consejos a un gremio que debería, por su propia naturaleza, ser capaz de afrontar estas noticias de manera escrupulosa y siguiendo el libro de estilo del propio medio para el que informa. Pero no penséis que voy a entrar en el debate sobre si los poderes públicos deben meterse a tutelar a la prensa, sino en cómo la propia sociedad, lo políticamente correcto, va condicionando la manera en que utilizamos el lenguaje y haciendo del idioma una colección de eufemismos que parecen ideados para quedar bien y sonar muy finos en un discurso o en una entradilla informativa, pero que no me parece que terminen de cuajar tanto en la barra del bar, en el mercado o en la cola del cine.

Un día empezamos a decir flexibilizar el mercado laboral en vez de abaratar el despido.

Y la emigración forzosa de los jóvenes en busca de un empleo fuera de España se bautizó como movilidad exterior.

Y quién no se acuerda que durante un tiempo estaba prohibido hablar de crisis, era desaceleración.

La familia del Rey puso de moda el cese temporal de la convivencia para no mentar a la bicha de la separación o el divorcio.

Una interrupción voluntaria del embarazo hablando en plata es un aborto.

Toda la vida ha habido pobres; ahora tenemos personas en riesgo de exclusión social


Antes se decía inválido. Ahora persona con discapacidad.

A los viejos se les dejó de decir viejos para llamarles personas mayores, y a la vejez, 3ª edad.

Ya no se dice guardería, resulta más mono escuela infantil.

Un conflicto armado es una puñetera guerra, se pongan como se pongan.

Una persona privada de libertad de siempre ha sido un preso, y a la cárcel queda mejor llamarla centro penitenciario.

Una persona en situación de desempleo o en búsqueda activa de empleo es un parado como una catedral. Y un trabajador de la construcción antes era un obrero como la copa de un pino.

Llamamos al moro, magrebí, y al negro, subsahariano. Y a las drogas, sustancias estupefacientes. Antes se tenía una criada, ahora contratas a una empleada de hogar.

A ellas, en vez de gordas, se las llama curvis, y a ellos, en vez de gordos, fofisanos. Sea como sea, las personas con sobrepeso están obesas o gordas

Y aquí lo dejo, porque la lista es tan amplia que te pones y no acabas. Os invito a que sigáis completándola. 



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