miércoles, 12 de octubre de 2016

Lo nunca visto: Discutiendo por una fiesta

Exterior, día. Eje Prado-Recoletos. Ambiente gris y lluvioso. Con la que está cayendo, un día de inclemencias meteorológicas era el escenario más ad hoc para celebrar hoy la Fiesta Nacional de España. 12 de octubre. Tal día como hoy, en 1492, Colón llegó a la isla Guananí, hoy la isla de San Salvador, en el archipiélago de las Bahamas, lo que supuso el primer contacto del viejo mundo con el nuevo mundo.

Desde principios del siglo pasado, el de hoy es un día festivo, aunque haya ido variando su denominación. Fue el Día de la Raza y luego el Día de la Hispanidad, antes de llegar a ser simplemente la Fiesta Nacional de España. Y, por supuesto, el Día del Pilar. Según recoge el BOE, fue el gobierno socialista de Felipe González el que puso negro sobre blanco a través de la ley 18/1987, la elección de esta fecha como Fiesta Nacional de España, por simbolizar "la efeméride histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los Reinos de España en una misma monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos".

Vale, muy bien. Pero no a toda España le gusta esta fiesta. O no toda España se siente identificada con lo que representa o representó esa fecha en algún momento de la historia. Y, como ya es habitual en este país tan 'polarizado', igual que con los toros, aquí todo es o blanco o negro. O estás conmigo o contra mí. Hay quien considera que estamos celebrando un genocidio indígena. Y hay quien solo ve la conmemoración del encuentro entre dos mundos.

Un juez dictó la orden de cerrar hoy el Ayuntamiento de Badalona. La alcaldesa de este municipio catalán explicaba esta semana que los sindicatos habían pactado con el Consistorio dar la opción a los funcionarios de ir a trabajar en este día y, a cambio, faltar el 9 de diciembre, que hay un sabroso puente de por medio. Hay quien ha querido interpretar que el gobierno municipal, de Guanyem Badalona, retaba al Estado al saltarse la norma de una Fiesta Nacional. Yo creo que en el fondo no es exactamente así, aunque los que gobiernan se estuvieran frotando las manos con el mensaje político que traslucía esa decisión sindical. En realidad detrás hay simplemente un interés práctico: este 12 de octubre ha caído en medio de la semana y todos sabemos que un festivo en medio de la semana es un día perdido. Los buenos son los que caen en lunes o viernes, si me apuras en martes y jueves, para luego faltar cuatro días muy ricos. El caso es que al final se han pasado la orden judicial por el forro y han atendido al público. Ignoro si habrán tenido mucha cola. No sé por qué me da que habría más prensa que ciudadanos con ganas de hacer gestiones. Aunque nunca se sabe. Hay gente 'pa’to'. Y si toda la semana curras y un día te dan fiesta en el trabajo, aprovechas para ir a tu Ayuntamiento a pedir el certificado de empadronamiento o a pagar el impuesto. Esto es así. Y, ¡ojo!, porque no es el único municipio que ha desafiado la tradición hispana.

En otro Ayuntamiento, el de Madrid, el conflicto relacionado con esta fecha se saldó con un cruce de banderas: la indígena que ha colocado Carmena en su balcón y la española que exhibe el PP de Aguirre en sus dependencias. Damos demasiada importancia a los símbolos. Cuando ya las palabras pierden su fuerza de tantas veces que las repetimos, tiramos de los símbolos, que son como indirectas, como dardos que llevan escrito ‘a ver si lo pillas’.
Y en las redes sociales, campo de batalla de las bajas pasiones, nos encontramos a unos insultando a los otros. Todos contra todos. Los unos contra los que piensan distinto. Los que tienen muy arraigado el espíritu nacional contra los que no se sienten españoles por los cuatro costados. ¡Qué aburrimiento!

Parece que el individuo, el ser humano, a pesar de ser un ente independiente, deba tener el sentimiento de pertenencia a algo mayor. Si eres mujer, a la ninguneada población femenina. Si tienes hijos, al saco de madres sufridoras. Si eres periodista, al castigado gremio que trata de informar. Si eres del Barça, a los culés que elogian a Messi y Piqué. Si eres española, al colectivo de ciudadanos españoles abanderados... Y defender de manera grupal tus derechos. 

Qué tal si respetamos que cada uno se limite a sentir lo que siente y reclamar lo que considere justo como individuo, independientemente de si pertenece o no a una tribu, sobre todo en este escenario globalizado donde nos ha tocado interpretar nuestro papel. Lo siento, pero cuando surgen estas polémicas tan manidas, a mí me dan ganas de tirar del anuncio de la cerveza San Miguel y gritar a los cuatro vientos que me siento ciudadana de un lugar llamado mundo.

Reconozco que esta polémica con la Fiesta Nacional me tiene descolocada. Con lo que nosotros somos y hemos sido, amantes de festejar y no dar un palo al agua, y andamos discutiendo por la idoneidad de un día de fiesta. Recomiendo que pongamos los pies en la tierra y comprendamos que todo se reduce a la ubicación de los días festivos. Estoy convencida de que el 90% de la población no cuestiona si es la Inmaculada Concepción, el Día de San José o el Día del Pilar. Lo que quieren es disfrutar de un día libre. Más en concreto, de 9 días libres nacionales, 3 más regionales y 2 más locales a lo largo de todo el año. Y si caen estratégicamente y permiten alargar el fin de semana, por delante o por detrás, mejor que mejor.

En cuanto a las reminiscencias bélicas del desfile militar que escuecen a los pacifistas y la petición de algunos para que se suprima, a mí ni fu ni fa. La parada militar me huele a naftalina, la estética me parece carne de NO-DO y, si es cierto que cuesta 800.000 euros, yo sería partidaria de invertirlos en algo más útil. Aunque también soy consciente de que este tipo de exaltaciones patrióticas tienen su público y hay gente a la que le dan subidón. Vamos, que cumplen una labor social con esa parte de la población que también paga sus impuestos y tiene derecho a que le den una alegría.

Conclusión: que pregunten a las nuevas generaciones, los menores de quince años, si saben qué día se celebra hoy y por qué. Y un reto mayor. Que le hagan esa misma pregunta a sus padres. A lo mejor tampoco lo saben. Solo celebran no tener que madrugar para ir a la oficina. Y más si ha amanecido un día lluvioso. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada