lunes, 14 de noviembre de 2016

La crueldad hecha anuncio

Esta mañana se presentaba a bombo y platillo, como nos tienen acostumbrados por esta época desde Loterías y Apuestas del Estado, el anuncio de la Lotería de Navidad de este año. Las primeras referencias apuntaban a que la historia elegida para esta edición nos iba a hacer llorar, así que he estado retrasando el momento de visionar el spot porque no era cuestión de empezar el lunes con los ojos hinchados. Pero ahora, una vez avanzada la jornada, me he armado de valor y ya lo he visto. Y no he soltado una sola lágrima, y eso que yo que soy de llorar hasta con los telediarios. Confieso que no me ha tocado la fibra, aunque sí me parece muy triste. Incluso me atrevería a decir que tremendamente cruel, quizá por eso me ha cabreado más que conmovido. 

Imagino que a estas alturas ya lo habréis visto, pero por si no es así, cuenta la historia de Carmina, una maestra jubilada que piensa que le ha tocado la lotería cuando la víspera del sorteo de Navidad ve en la tele unas imágenes de archivo de la edición anterior –algo de lo que ella no se percata- y da por hecho que ese es el día de la lotería y ese el número ganador de aquel año que, casualmente, coincide con el que ella ha comprado. Por no quitarle la ilusión a la pobre mujer, su familia no la saca de su error y van siguiéndole la corriente e implicando en aquel engaño a los vecinos del pueblo, el lotero, el del bar y hasta la guardia civil. Todo el pueblo se confabula para que aquella mujer sienta lo que siente alguien a quien le ha tocado la lotería, y terminan celebrando aquella gran mentira con su su televisión, su cava y su mariscada.

   

El responsable del anuncio es Santiago Zannou, director de ‘Alacrán enamorado’ y ‘El truco del manco’, entre otros títulos, y es reincidente. Suyo fue también el spot de 2014, el de Manuel, ¿recordáis?, aquel tipo que justo el año que no compra lotería en el bar de Antonio, ve cómo toca el Gordo en su bar de siempre. Y cuando se presenta allí y se pide un cafelito, el dueño del bar le da la mágica sorpresa: le habían guardado su décimo. Aquel, al menos terminaba bien, con millonarios de por medio, pero es que el de este año como mucho tiene un final abierto, incierto y también algo chungo,  a mi entender. 

Sí, ya sé que es solo un anuncio, que es ficción, que juega con ese concepto tan naíf de 'no romper la magia', pero me lleva a plantearme la siguiente pregunta: ¿qué es mejor, mantener una mentira porque hace feliz a alguien o decirle la verdad aunque sepas que acabarás con su ilusión? Siento ser una aguafiestas, pero voto por la segunda opción. Prefiero la verdad por delante. El simple hecho de descubrir que alguien ha estado alargando un teatrillo irreal por no darme un disgusto o dilatar el momento de mi decepción, provocaría en mí cualquier cosa menos gratitud. Y si tuviera la edad de la protagonista del anuncio, creo que todavía lo llevaría peor. No soporto el trato condescendiente que se le da a la gente mayor por el simple hecho de serlo. Sospecho que, de tener la historia una continuación, a Carmina tampoco le haría gracia cuando se enterara del engaño.

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