miércoles, 2 de noviembre de 2016

Putas, copas y bullas

Leo en el diario digital El Confidencial el titular “Primero de putas y luego de copas": el nuevo ocio de los jóvenes españoles. Y me da un escalofrío. Yo que pensaba que lo que se llevaba era el running, el CrossFit y demás modalidades deportivas anglófonas. ¡Qué ilusa!

Por lo visto, los jóvenes de entre 25 y 30 años se divierten ahora de esta manera. Es lo que definen como nuevo ocio, aunque lo de llamar ‘nuevo’ a este plan me parece poco preciso. Eso ya lo hacían generaciones anteriores, los puteros que se han estilado desde siempre en todos los pueblos y ciudades. Lo nuevo es que eso de buscar sexo de pago haya dejado de estar mal visto o tener un carácter residual y ahora los veinteañeros lo confiesen abiertamente.

A los chicos su exceso de testosterona les exige hacer realidad cuanto antes sus fantasías sexuales y ya no quieren andar perdiendo el tiempo con el cortejo para ver si se llevan a la chica a la cama. Ahora van a lo que van, sin complicaciones. Que les apetece que les hagan una felación y así, de entrada, no ven factible pedírselo a una desconocida en un bar de copas, pues ahorran durante la semana y el sábado van a una profesional para que les haga un trabajo de primera, sin tener que intercambiar luego teléfonos ni aguantar enfados por no volver a quedar.


El plan ‘puta y copa’ es lo más decadente que he visto en mi vida, sobre todo teniendo en cuenta que ya estamos en 2016. Está visto que los 'milenials' ya tienen de todo, así que necesitan algo más, algo excitante e inmediato, y se ve que lo más es contratar los servicios de una meretriz. Hubo un tiempo, casi hay que remontarse a la España en blanco y negro, en que era tradición estrenar al hijo, al sobrino o al amigo en un prostíbulo de la zona. Cuando llegaba el momento, al que no había conseguido por sus propios medios conocer el sexo, se le convidaba a su bautismo de fuego en brazos de una mujer experimentada por cuya cama había pasado ya toda la comarca. Ahora entre la clientela de los burdeles no debe haber ninguna alma cándida, van ya estrenados de casa. Todo va tan rápido. Incluso los jóvenes han adelantado la edad de su inicio en las relaciones sexuales. Lo quieren todo y lo quieren ya, así que por qué esperar a que una damisela se les ponga a tiro si pueden resolver el apretón fácilmente, sin discutir, ni esforzarse en parecer romántico, y por un módico precio.

Resulta divertido escucharles justificarse diciendo que sostener un noviazgo sale más caro que ir de putas, como dando a entender que una pareja seria requiere una fuerte inversión. ¿Por qué? ¿Por qué hay que invitarla al cine y a cenar? ¿Y colmarla de regalos para tenerla contenta? Esa visión es todavía más retrógrada si tenemos en cuenta que hoy en día las mujeres son personas independientes que pueden trabajar, ganarse un sueldo y, por supuesto, costearse sus gastos sin esperar que un hombre les patrocine la diversión.En fin...

Ahora que, con todos los reparos, prefiero esta actividad de ocio a esa otra moda que ha surgido en Lugo, el club de la ‘bulla’, donde chavales de 15 años, niños de buena familia y colegio privado, se citan por whatsapp para pegarse porque hablando no se entienden y prefieren solucionar sus conflictos a puñetazos. Podía parecer la evolución lógica del duelo al amanecer por una afrenta al honor, como en el siglo XVIII, si no fuera porque a la cita acude público, se graba con el móvil y luego se difunde como un gran espectáculo. Y afortunadamente, de momento, la cosa no pasa de unos cuantos moratones.

¿Pero qué nos está pasando? ¿Nos estamos volviendo locos? Me pregunto si para cuando lleguen estos luchadores adolescentes a los 25, en solo 10 años, ya no tendrán el cuerpo ni para putas.


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