lunes, 29 de febrero de 2016

Cada cuatro años ponga un bisiesto en su vida

Hoy es 29 de febrero, ese invento de tiempos de Julio César con el que se estableció añadir un día más al calendario cada cuatro años para corregir el desfase con el año solar, por aquello de que, durante una órbita completa alrededor del Sol, la Tierra gira sobre sí misma no exactamente 365 veces, sino 365,24219. Es decir, que vamos acumulando tiempo de más cada año -en concreto 5 horas, 48 minutos y 56 segundos- hasta que regularizamos más o menos con el bisiesto. No me meto ya en cómo el calendario gregoriano afinó el procedimiento.


Veo en Los Angeles Times que alguien se ha tomado la molestia de calcular qué día sería hoy si al emperador romano no se le hubiera ocurrido consultar con los astrónomos egipcios y establecer este día extra. El resultado es que la fecha que aparecería en el almanaque sería el 15 de julio de 2017. ¡Estaríamos en verano! Pero padeceríamos el mismo frío que estamos padeciendo. A cambio, en el hemisferio sur ocurriría lo contrario, se les acabaría lo de dar la bienvenida a Papá Noel tostándose en la playa. Es asombroso lo que un simple día, 24 horas, cada cuatro años, puede suponer sobre la vida.

En el mundo hay unos 4.800.000 bisiestos, 30.000 de ellos residen en España y uno está muy de moda estos días: Pedro Sánchez. Los refraneros le atribuyen un punto siniestro al bisiesto y le echan la culpa del hundimiento del Titanic, del inicio de la Guerra Civil y de los asesinatos de Gandhi, Lennon, Luther King y hasta el de Kennedy… la del senador Robert, no la de su hermano, el presidente JFK. Imagino que el líder socialista no será supersticioso y, como los nacidos en 29F, preferirá desterrar todo ese mal fario asociado a su día, por la cuenta que le trae y ante la proximidad de su intento de investidura. Mientras, los bisiestos como él pregonan a los cuatro vientos, a través de clubes e iniciativas nacidas en las redes sociales, lo especiales que se sienten y el orgullo que supone pertenecer a un grupo tan selecto. Por cierto, que el Club Mundial del Bisiesto, nacido en España y reconocido en su momento por el Guinness de los Records, tiene un poco desactualizada su web. Justo se quedó en 2012, el último bisiesto. Es lo que tiene, solo nos acordamos de ellos como mucho cada cuatro años. O aprovecha ahora Sánchez su oportunidad o tendrá que esperar hasta el próximo bisiesto.

domingo, 28 de febrero de 2016

#TodosSomosLeo

Hoy es mi cumpleaños y me voy a regalar una gala de los Oscar. Me la habría regalado igualmente aunque no existiera esa agradable coincidencia, porque seguir en directo este evento es una de mis aficiones desde que tengo uso de razón y desde que se retransmite en España, claro. Lo poco conveniente de la hora no ha sido nunca obstáculo para mí. En ocasiones directamente he empalmado la gala con el trabajo. Un año incluso tuve la fortuna de participar en un programa especial en Onda 10, la cadena musical que tuvo Onda Cero antes de Europa FM, en el que cuatro frikis aficionados retransmitimos la ceremonia pirateando la señal internacional con ayuda de un compañero con parabólica… ¡Qué tiempos! El caso es que nunca me ha echado atrás eso de perder horas de sueño por ver la alfombra roja, los esmoquins, los diseños exclusivos, los números musicales, las sorpresas, las lágrimas, los agradecimientos… en definitiva el espectáculo de la fiesta más importante de la industria del cine.


En la edición de este año el morbillo está en ver si por fin Leo DiCaprio recoge su primer estatuilla por su papel protagonista en “El renacido”. Todo apunta a que así será, después de haberse llevado el Globo de Oro, el Bafta, el premio del Sindicato de Actores y el Critics’ Choice.  Pero por si fuera necesaria algo de presión extra, ha surgido a nivel internacional un clamor popular exigiendo la estatuilla para el actor y convocando a sus fans a macroquedadas para festejarlo en el caso de que finalmente ocurra. En Madrid el lugar para celebrar el acontecimiento es la plaza de Colón y en Barcelona la cita será en la Plaza de Catalunya. Por todo el mundo, a través de las redes sociales, medio en broma, medio en serio, va adelante este movimiento #TodosSomosLeo a favor de un actor al que se le ha resistido el Oscar a lo largo de su carrera, unas veces porque directamente la Academia le ha escatimado la nominación y otras porque los miembros de la industria han decidido darle de lado. Su mala suerte podría cambiar esta noche. Desde luego es su interpretación la que sustenta toda la película y se merece un premio. No tuvo que estudiar mucho el guión, porque tiene poquísimo texto, básicamente lo que hace es sufrir y luchar por sobrevivir. Para mi gusto a la película del mejicano -tan fría como el paisaje en el que se desarrolla- le sobra una hora de metraje y algo de material gore. Eso no significa que no me atreva a apostar por ella en mi porra de los Oscars. Aquí podéis verla. Para esta edición no tengo el olfato fino, así que no descarto una debacle en mis predicciones. Eso sí. El premio para Leo lo acierto sí o sí.

sábado, 27 de febrero de 2016

Otro año que me quedo sin ir a ARCO

Estos días se celebra la 35ª edición de ARCO, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo. En el 82, cuando nació, el precio de la entrada costaba 200 pesetas. Si fuéramos hoy, pagaríamos 40 euros, 66 si optamos por el pack de entrada y catálogo -demasiado para mi maltrecha economía-. Y eso que me quedo con ganas de ver de cerca algunas de las atrevidas propuestas de este año. En la presente edición, menos provocativa -dicen- destaca particularmente una titulada “Colonial Color Palette”. Es obra del artista mejicano Emilio Rojas que se introduce desnudo en medio de una jaula fabricada a base de palés coloreados y allí se queda observando impávido a quienes contemplan su obra. Esta especie de “instalación” o “performance” que incluye las maderas, fotografías de lapiceros de colores y un vídeo del proceso de creación, cuesta 14.500 euros. Por supuesto, no te puedes llevar al artista a casa, aunque parece que hay quien lo ha preguntado.

Foto de Europa Press

Es de sobra conocida por quienes me leen habitualmente mi dificultad para apreciarle el sentido al arte contemporáneo, y eso que en mi aproximación a este tipo de obras siempre llevo la mente bastante abierta, por eso tiendo a preguntarme qué habrá querido decir el autor. En el caso de Emilio Rojas, conocido por su activismo en defensa de refugiados e inmigrantes, lo que pretende, parece ser, es denunciar el trato que reciben los seres humanos como mercancía en función de su procedencia, su nivel social o su raza. No digo yo que no sea legítima tanto la intención como la propuesta, aunque dudo que se pueda considerar como pieza de arte susceptible de pasar a exponerse ni en un salón ni en un museo. Creo sinceramente que al calor de esta feria, ya consagrada en su ámbito a nivel internacional, orbitan no solo brillantes creadores deseosos de dar a conocer su talento al gran público o colocar su obra a algún coleccionista, sino también mucho transgresor más interesado en los dos minutos de telediario que en vender su trabajo. Opción igualmente respetable y muy apreciada por los reporteros a quienes les toca cubrir el evento y hacer la pieza informativa. Dan palmas con las orejas.

viernes, 26 de febrero de 2016

Tenemos que hablar... de estrenos

Hoy el repaso por las películas de estreno hay que iniciarlo con cine español. David Serrano dirige “Tenemos que hablar”, una comedia escrita a cuatro manos por él mismo junto a Diego San José. En ella veremos a Michelle Jenner y Hugo Silva encarnando a una pareja de ex a los que la vida ha tratado de manera bien distinta: ella tiene un buen trabajo, una casa y un novio que le pide matrimonio, mientras que él está en paro, compartiendo piso cutre, sin pareja y sin superar la ruptura. Así que ella traza un plan para que a él no le afecte mucho su petición de divorcio.
Como habéis visto, es una película de carcajada. Nada que ver con “13 Horas, los soldados secretos de Bengasi”. Michael Bay dirige esta cinta basada en hechos reales, los sucedidos el 11 de septiembre de 2012 cuando el consulado americano de Libia en la ciudad de Bengasi fue atacado y su embajador resultó asesinado. La historia en que se centra el argumento es la del grupo de contratistas que acudió al rescate.
Hay otra película basada también en sucesos reales, se titula “La hora decisiva” y se remonta a la peor tormenta vivida en las costas de Nueva Inglaterra. Chris Pine, Eric Bana o Cassey Affleck son algunos de los protagonistas de este título de acción que recrea el mayor rescate de un pequeño barco en la historia de la Guardia Costera 


Vamos ahora con un thriller sobrenatural, “El Bosque de los Suicidios”, puro representante del género de terror made in USA. Trata de una joven americana que se traslada hasta un bosque japonés en busca de su hermana gemela desaparecida misteriosamente.


Para terminar este catálogo de estrenos, dos que casualmente compiten en las mismas categorías de los premios Oscar que se entregan este domingo: película, guión adaptado y actriz principal. Una es “La habitación”, una historia cuyo argumento también es como mínimo inquietante. Un niño de 5 años vive felizmente al cuidado de su madre que le protege, arropa y entretiene… Hasta ahí todo normal, si no fuera porque ambos están atrapados en un espacio de diez metros cuadrados, una habitación sin luz natural donde la madre ha creado un universo paralelo para que a su hijo no le falte de nada. Lo malo es cuando el niño empieza a crecer y con él su curiosidad.
El otro título en la carrera por la estatuilla es “Brooklyn”. Ambas compiten con pesos pesados, así que, salvo sorpresa de ultima hora, se irán de vacío. Centrándonos en esta última, está ambientada en los años 50 del siglo pasado, y es un drama sobre una joven irlandesa que abandona su país y emigra a América en busca de la tierra prometida.


Estas son las interesantes novedades de la semana. Recordad que este mismo repaso por los estrenos también lo podéis escuchar en versión podcast a través del enlace que tenéis aquí debajo.

jueves, 25 de febrero de 2016

Morirse es una putada... y madurar, también

Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que dije adiós a mi adolescencia el día que murió mi padre. Ni la firma del primer contrato laboral, ni abandonar la soltería, ni hipotecarme con el banco, ni dos partos…, ninguno de estos episodios vitales tan destacados había conseguido convertirme en adulta. Hace hoy justo diez años, al tener que asumir que ya nunca más podría comentar con él los partidos de fútbol o las fluctuaciones de la Bolsa, entendí que la infancia se había terminado. Adiós a las gilipolleces. Desaparecía la figura paterna y me sentía obligada, como siguiente generación, a tomar el testigo que él me dejaba. En una palabra, debía madurar. 

Morirse es una putada, para el que sigue viviendo, que queda devastado, y para el que se muere, que pierde la ocasión de asistir como testigo a las cosas de la vida. En esta década, por ejemplo, mi padre se ha perdido mi proceso de envejecimiento. Vale, quizá haya otros acontecimientos con mayor entidad… Pensemos... ¡Ya está! Mi padre no ha llegado a ver un presidente negro en la Casa Blanca, ni a Fidel Castro renunciar a mandar en Cuba. Se fue a mitad de la primera legislatura de Zapatero, sin sospechar que repetiría otros cuatro años, que le sucedería Rajoy y que una década después estaríamos sin gobierno. Que Esperanza Aguirre sobreviviría a un atentado en Bombay, dimitiría como presidenta de la Comunidad de Madrid y volvería a dimitir años después aunque no del todo. Seguro que ni imaginaba una abdicación real y otra papal, ni una infanta en el banquillo, ni el “por qué no te callas” del monarca al difunto Chávez. También se ha ahorrado asistir al nacimiento de Podemos, que entonces no era ni siquiera un proyecto, aunque algo debía estar germinando en la cabeza de su líder, empleado por aquella época en Venezuela. 

La muerte de mi padre le ha privado de celebrar las dos Eurocopas y el Mundial de la Selección Española de Fútbol, aunque seguro que habría disfrutado mucho más la Liga, la Copa del Rey, las dos Supercopas de Europa, las dos Copas de la UEFA y la Supercopa de España de su Atlético de Madrid. 

Porque él ya no estaba, no pudo lamentar la pérdida de Aragonés, Pavaroti, Fernán Gómez, Umbral, Coll, Newman, Landa, Azcona, Ballesteros o Alvite, por citar algunos. No vivió tampoco la muerte de Osama Bin Laden, ni la primavera árabe, ni el terrorismo del ISIS. 

No conoció el Iphone, ni el Whatsapp, ni la Wii, ni Facebook, ni Twitter, ni Youtube -ni por supuesto a los youtubers-, ni el trasplante total de cara, ni la gripe A, ni el ébola. No leyó tampoco la noticia del accidente de Spanair, el del Alvia o el escándalo de las filtraciones de Wikileaks. 

Se murió en el mejor año de la historia de la Bolsa, con la mayor revalorización de Europa, un 31,8%, por encima de la cota de los 14.000 puntos. Hoy no hacemos más que hablar de volatilidad y cruzamos los dedos para que el IBEX no baje de los 8.000. Estaría trinando… Tampoco vivió para ver la caída de Lehman Brothers, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, la crisis económica mundial, el guirigay de las subprime, los preferentistas, la corrupción política, a Rato cayendo de la gloria al fango, de gerente del FMI y director de Bankia a "presunto"... 

¡Madre mía! La cantidad de temas de conversación que podíamos haber tenido. Pues eso, que lo de morirse es una tremenda putada... y madurar, también.


miércoles, 24 de febrero de 2016

Yo fui una asesora a dedo

Sí, lo confieso, los últimos años de mi vida laboral he sido asesora a dedo en un ayuntamiento. Esto hay que soltarlo así, utilizando la fórmula de Alcohólicos Anónimos, y sin avergonzarse. Porque puedo asegurar que nada hubo de vergonzoso ni inapropiado en el trabajo que realicé ni en la manera en que accedí al cargo. Andaba yo trabajando en la radio, con turno de noche, moviéndome como una zombie por la vida, cuando un colega me avisó de que cambiaba de empleo y buscaban un sustituto para ocupar su puesto en el Gabinete de Prensa del ayuntamiento donde trabajaba. La posibilidad de reencontrarme con la vida diurna, la comodidad de trabajar al lado de casa y el hecho de poder seguir compaginando mis dos facetas, de profesional y de mamá, me convencieron para dar el paso. No tenía ningún grado de consanguinidad con alcalde, concejales, ni con el mismísimo jefe de prensa. No militaba en el partido gobernante, ni siquiera simpatizaba. Tampoco me unía ninguna amistad con nadie del entorno municipal, de hecho no me conocían. Digamos que mi única referencia para conseguir el puesto fue el compañero que se marchaba y con el que había trabajado hacía años.


Quiero decir con todo esto que ser personal eventual, de confianza o asesor a dedo, como se quiera llamar, no significa automáticamente ser un paniaguado. Probablemente resultaría más justo hacer una selección por méritos o una oposición para ese empleo, pero los puestos de periodistas en los Gabinetes de Prensa de los ayuntamientos, por lo general –siempre hay excepciones-, no existen en el catálogo de funcionarios, por tratarse de técnicos que manejan información sensible que no puede quedar al albur de cualquier empleado fijo que pueda utilizarla, por ejemplo, como arma arrojadiza en un conflicto laboral.

Yo fui una anomalía dentro de este engranaje, porque lo habitual en las administraciones públicas es rodearte de personas conocidas o de la confianza de tu entorno, dispuestas a asumir ese tipo de trabajo, que no solo exige capacidad, sino también discreción y total disponibilidad. Tras unas elecciones y la distribución de diputados, senadores o concejales, llega el momento de repartirse también los puestos de libre designación y es lógico que si puedes contratar a cualquiera y tienes un sobrino muy preparado pero en paro, optes por darle el trabajo a él. Será más o menos cantoso, pero mientras exista esta figura todos los partidos podrán libremente contratar a quien les venga en gana, igual que pasa en las empresas privadas, aunque esto sea una administración pública y los sueldos los paguemos entre todos. Lo hemos visto con todos los partidos que han gobernado. Han sido recurrentes las informaciones sobre PP y PSOE a propósito de este capítulo, y ahora le toca el turno a la formación de Manuela Carmena, según detalla estos días Ciudadanos. En eso la nueva y la vieja política no se distinguen. Otra cosa es que el colocado -primo, cuñado o amigo de turno- cometa una auténtica tropelía en el ejercicio de sus funciones y entonces sea cuando toque pedir explicaciones y responder contundentemente.

Considero mucho más sangrante encontrar casos de trabajadores en nómina municipal que acceden a ese puesto para toda la vida mediante una “discreta ayudita” del gobierno de turno. Seguro que más de uno conoce auténticas sagas familiares en ayuntamientos próximos que inducen a pensar si la genética puede predisponer a determinados individuos hacia el funcionariado. Pero eso no escandaliza a nadie.

martes, 23 de febrero de 2016

De falsas autorías y haches mal puestas

Veo que circula por las redes sociales un texto interminable atribuido a Arturo Pérez-Reverte en el que le da estopa a Podemos. A simple vista, entrando en el enlace que se está compartiendo y echando un vistazo al blog donde se ha publicado, salta a la vista que no lo ha firmado el periodista, escritor y académico, ni siquiera es de su estilo. Vale que la gente en general pase por alto este detalle, pero que profesionales de la comunicación lo difundan y den por bueno tiene delito. Y más cuando resulta fácilmente comprobable. Basta con entrar en la cuenta de Twitter de Pérez Reverte y revisar su actividad para ver cómo retuitea la noticia en que se confirma el bulo.


Esto me lleva a preocuparme por el bajo nivel de autoexigencia de algunos colegas, que olvidan la primera premisa del periodismo, que no es otra que contrastar la información. Entiendo que es tentador hacer que rule un texto contra “la nueva política” justo en este momento, pero es obligación del periodista -o así lo entiendo yo- no dar por buena cualquier historia que caiga en sus manos sin antes escarbar un poco.

Es una pequeña muestra de lo muy deteriorado que encuentro el oficio desde mi “privilegiada” situación de periodista desempleada. Quizá se debe a que últimamente ha coincidido que me he topado con más de un ejemplo de poco rigor a la hora de informar y fallos garrafales en la redacción de noticias. Un profesional de este oficio debería ser capaz de redactar una información correctamente y sin poner faltas de ortografía, qué mínimo.



Tampoco se puede levantar una historia sobre un error de concepto. Me explico, confundir una intolerancia al gluten con una a la lactosa cuando estás hablando de una famosa que ha perdido peso, y sobre cuyo trastorno ya se ha informado anteriormente en ese mismo medio, no es para que se acabe el mundo, pero es una incorrección intolerable, por no llamarlo una cagada.


No voy a entrar en el debate sobre si las redacciones han cambiado periodistas experimentados y caros por becarios poco formados pero baratos, esa no es la cuestión. Tampoco sobre si la situación política ha derivado en un periodismo de trinchera que exige posicionarse para mendigar migajas en las tertulias. Lo que debería preocupar a cada profesional es tratar de hacer de manera impecable su trabajo, para que nadie pueda sacarle los colores. Y a los dueños de los medios, lo que les debería importar es que su reputación no se vea comprometida por una “h” mal puesta. Pero claro, eso a quién le importa.

lunes, 22 de febrero de 2016

77 años sin Antonio Machado

Hará como quince años traté de llegar a Collioure desde Portbou con la intención de visitar la tumba de Antonio Machado, que dijo adiós a esta vida tal día como hoy hace 77 años, cuando llevaba menos de un mes exiliado en esta localidad al sur de Francia. Lo sinuoso de la carretera costera, a la sombra de los Pirineos, nos hizo dar la vuelta al poco de iniciar el itinerario, agobiados por la idea de terminar despeñados y apabullados por las espectaculares vistas. Así que me quedé sin presentarle mis respetos a los restos de uno de los mayores poetas que ha dado este país.



Sirva este post para rendir tributo hoy al autor de frases lapidarias tan atinadas como “Todo necio confunde valor y precio”, “Para dialogar, preguntad primero; después... escuchad”, “La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés” o “En España de cada diez cabezas, nueve embiste y una piensa”. Si Machado viviera en nuestro tiempo, con material como este incendiaría Twitter.

domingo, 21 de febrero de 2016

Enseñanza pública, de calidad y casi gratuita

Soy una ferviente defensora de la enseñanza pública. Considero que es posible formar a los críos, sacar lo mejor de ellos y animarles a desarrollar un pensamiento crítico, sin necesidad de pasar por caja. A pesar de todo, de vez en cuando he de admitir que los colegios privados -también algunos concertados- logran niveles de implicación y entusiasmo difíciles de alcanzar por los centros que reciben mocosos del populacho como los míos.

Mi hija ha empezado este curso la Secundaria. Estudia en un instituto público, lo que a priori debería significar que su educación no me va a costar un céntimo, y así es… aunque con matices. En enero el instituto organizó un viaje a Andorra para esquiar en ese ente abstracto que llaman semana blanca y que en realidad ya no existe pero siguen celebrando. Costaba 450 euros con un pequeño suplemento si el alumno elegía añadir al plan de esquí una sesión de balneario. Por supuesto era voluntario, los que no quisieran sumarse tendrían que ir a clase, aunque sin avanzar temario, pero dile tú a un preadolescente que renuncie a hacer lo mismo que su pandilla y que, mientras los otros se divierten, él pase las horas entre las cuatro paredes de su clase. Yo me arriesgué a privar a mi hija del “planazo” y no me fue mal. Primer escollo salvado.

Luego el departamento de Francés organizó un intercambio con un instituto de una localidad próxima a París y ofreció la actividad a los alumnos que han elegido estudiar ese idioma como optativa. Eran 300 euros, más alojar una semana en casa a la alumna francesa, en reciprocidad. De nuevo la voz de mi hija retumbó en mis oídos. "Quiero ir, por favor, quiero ir". Pensé que era mucho más útil que esquiar en Andorra –y menos peligroso a priori- e hice de tripas corazón, apunté a mi hija que en mayo emprenderá la aventura.

Pues bien, ahora anuncian un nuevo viaje, en esta ocasión a York, para practicar inglés durante una semana en el mes de junio. El módico precio, dependiendo del número de niños que se inscriban, es de alrededor de 500 euros sin contar el avión. Sale más caro que el viaje francés porque aquí no hay que abrir las puertas de tu hogar ni alimentar a nadie. Mi reacción inmediata nada más saberlo fue negarme en rotundo y, una vez conocidos los detalles, me reafirmo. Pero la presión psicológica de “van todos mis amigos” pende sobre mi cabeza como una espada de Damocles.


Comprendo y valoro que este centro educativo se esmere en ofrecer a las familias -que puedan y quieran pagarlo- un amplio y atractivo catálogo de actividades para enriquecer la experiencia vital de unas criaturas de 12 años, pero ¿qué van a dejar para cuando cumplan 15? Barrunto un peligroso nivel de exigencia para entonces y, por extensión, una buena cosecha de jóvenes insatisfechos. Porque en algún momento más de una economía familiar tendrá que decir NO y algunos padres deberán vivir con el cargo de conciencia de pensar que le están arrebatando a sus hijos la oportunidad de ver mundo.

Sé de algunas familias que han apuntado a sus hijos a todo, lo que supone soltar durante un solo curso unos 1.200 euros. A lo que habría que añadir los 30 euros por asociarse al AMPA, los otros 90 para actividades educativas organizadas por el instituto de carácter obligatorio, los 300 o más de libros… Y seguro que me salía algo más para llegar a redondear a 2.000 euros. Sin contar, claro, la ropa, el móvil, y cualquier otro elemento adquirido por el efecto contagio del “culo veo culo quiero”. Si divides la cifra entre 9 meses de clase te da más de 200 euros al mes, cantidad que pagan de mil amores y sin dudarlo las familias de la zona, pero que yo considero excesiva. Me parece que el centro juega precisamente con eso, con que la renta per cápita del municipio donde resido es de las más elevada del país. Pero esa, como todas las medias, es una verdad a eso mismo, a medias. 

sábado, 20 de febrero de 2016

Se confirma: las mujeres sí somos capaces de leer un mapa

Leo que unos hombres de ciencia han desmontado un mito: las mujeres sí estamos capacitadas para desentrañar los enigmas que encierra un mapa. Alguien nos hizo creer que no valíamos para tarea tan complicada y ahora por fin se hace justicia. 


Por eso hoy, como es sábado, estoy cansada después de trasnochar y tengo varios frentes abiertos, simplemente voy a desvelar aquí unas cuantas verdades que contradicen erróneas creencias que son las culpables de cimentar la guerra de sexos:

-No nos asusta el bricolaje. Las mujeres somos capaces de colgar un cuadro, desatascar una tubería o cambiar la rueda de un coche. Y lo haríamos si no hubiera más remedio. Pero preferimos escaquearnos y que alguien se manche las manos en nuestro lugar.

-No buscamos un príncipe azul ni una media naranja. De hecho no andamos buscando, más bien si nos buscan, nos encuentran.

-Lo de cocinar no nos viene dado de serie, ni marcado en el sello genético, pero nuestro instinto de supervivencia nos permite alimentarnos y dar de comer a quienes nos rodean, solo si es estrictamente necesario.

-Nuestro estado de ánimo no es más cambiante que el masculino. Gente con humor fluctuante la hay de todo género.



-El color de nuestro cabello o el tamaño de nuestro pecho no es indicativo de nada.

-Lo de conducir peor por ser mujer es una idea añeja, apolillada e incorrecta, y abundan los estudios que la contradicen. 

-Podemos tener iniciativa, decidir por nosotras mismas y dirigir equipos, incluso aunque seamos madres.

-Las mujeres no hablamos más que los hombres. Vamos, que la idea de que somos unos loros que no callamos ni debajo del agua es fácilmente rebatible y existen numerosos ensayos de laboratorio que lo acreditan.

Así que aquí cierro la boca.


viernes, 19 de febrero de 2016

"¡Ave, César!". Los estrenos de la semana te saludan

“¡Ave, César!”. Con este saludo comienza hoy el repaso por los estrenos que llegan a la cartelera. Así es como se llama lo último de los hermanos Coen, Ethan y Joel, una especie de comedia musical ambientada en los últimos años de la edad dorada de Hollywood con un reparto lleno de estrellas: Josh Brolin, George Clooney, Ralph Fiennes, Scarlett Johansson, Frances McDormand, Tilda Swinton y Channing Tatum, entre otros. 


Llega también esta semana “Deadpool”, una peli de superhéroes para adultos o más bien con antihéroe, porque está basada en el carismático personaje de Marvel, Masacre, cuyo traje rojo se ha enfundado un Ryan Reynolds que todavía no se cree el inesperado exitazo que ha tenido esta película en su estreno en Estados Unidos. El protagonista es un antiguo miembro de las fuerzas especiales que se convierte en mercenario tras ser sometido a un experimento que le da el poder de curación acelerada. ¡Aviso! Es malhablado, irreverente y con un dudoso sentido del humor.


Otra película específicamente para adultos, aunque sea de animación, es "Anomalisa". Duke Johnson y Charlie Kaufman dirigen esta cinta rodada con marionetas y que emplea la técnica de stop motion, es decir, de animación foto a foto, que ganó el gran premio del jurado en el Festival de Venecia. Cuenta la historia de Michael Stone, un autor de libros sobre atención al cliente, aburrido de su existencia y con dificultad para conectar con los demás. Hasta que durante un viaje de negocios conoce a una mujer que le hace replantearse la vida. 


Otra de animación, esta ya sí para todos los públicos, es “El niño y el mundo”, una producción brasileña sobre un niño que vive una vida tranquila en una zona rural hasta que su padre debe irse a la ciudad para trabajar y él decide seguir sus pasos para encontrarle. Lo que descubrirá es otro mundo desconocido para él donde todo está controlado por la tecnología y donde sobrevivir va a ser un juego de niños.


El título español de la semana es “La corona partida”, que cuenta lo que tuvo que pasar la pobre Juana la loca tras la muerte de su madre, cuando su propio padre, Fernando El Católico, y su marido, Felipe El hermoso, enfrentados por hacerse con el poder, se empeñaron en demostrar la incapacidad para gobernar de la mujer que era legítima heredera del trono. Dirige Jordi Frades y la loca es la recientemente premiada en los Goya Irene Escolar. Con ella otros conocidos actores españoles como Eusebio Poncela, Rodolfo Sancho o José Coronado.


Del pasado al futuro de la mano de “Robots”, una de ciencia ficción protagonizada por Ben Kingsley y Gillian Anderson. La historia pinta un planeta Tierra conquistado por robots de una galaxia lejana. Los terrícolas supervivientes llevan implantes electrónicos y están encerrados en sus casas para no correr el riesgo de que se los carguen. En medio de este panorama, un grupo de aguerridos jóvenes prepara un plan para acabar con la supremacía de esas máquinas letales. 


De una historia afortunadamente ficticia pasamos a otra basada en hechos reales: “Dioses”. Cuenta la historia del profesor que hizo el primer trasplante de corazón exitoso en Polonia en los años 80 en contra de la opinión de sus colegas, rompiendo las barreras morales y luchando por sacar adelante su propia clínica. 


La siguiente es “El abrazo de la serpiente”, una historia que nos traslada a la selva amazónica en la primera mitad del siglo XX de la mano de un poderoso chamán, último superviviente de su tribu, que vive aislado sin recuerdos ni emociones. Un día aparece un botánico en busca de una planta sagrada capaz de enseñar a soñar. Rodada en pleno Amazonas, en blanco y negro y en una mezcla de idiomas indígenas, aún así esta cinta ha conseguido un hito. Es la primera película colombiana nominada a los premios Oscar como film de habla no inglesa. Puede presumir además de haberse llevado una ovación de 10 minutos en el último festival de Cannes.


La última de hoy va de tipos sin escrúpulos que se mueven en los peligrosos cárteles del narcotráfico. “El mal que hacen los hombres” es un thriller situado en algún lugar entre Texas y México. Un sicario y un médico que trabaja para los narcos tienen que custodiar a una niña que han secuestrado, hija del jefe de la banda rival, hasta saber si han de matarla o utilizarla como moneda de cambio. En medio de esa tensión, aparece Sergio Péris-Mencheta y la cosa se complica aún más. 


Nueve películas nueve. Tenéis de sobra para elegir. 

Y recordad que podéis escuchar el repaso de estrenos en el podcast semanal de "Venid al cine".